miércoles, 30 de noviembre de 2011

Del patio al cielo

Foto propia
Cuando mamá me grita desde dentro que me asome por la ventana de la galería, tengo que hacerlo aunque esté jugando. Yo miro que el señor Andreu siga sentado en su silla de ruedas y se acabó. Sólo tengo que avisarla si no está, pero siempre está. Si alguien no lo mueve, él no puede hacer otra cosa, y está. El señor Andreu es un vecino que siempre me pregunta mi nombre. Mi madre dice que es porque se le olvida. A veces se le olvida hasta cinco veces seguidas.
Pero ahora ya nunca está. Dice mamá que se ha ido al cielo. Y que no piense más en ello. Pero yo sigo pensando cuando no me ve. Hoy he mirado y la silla sí que está, pero plegada. Yo nunca lo vi de pie, pero a lo mejor es que al cielo sólo se va andando.


Uno de los relatos que presenté este verano a un concurso en el que las historias debían transcurrir en un patio de manzana, en un patio de vecinos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Ahora si que sí


Acabo de llegar de participar en el X Concurs de literatura ràpida, del AJUNTAMENT DE SABADELL. Es el sexto año consecutivo que me presento. En los cuatro primeros quedé finalista. Y en éste:
¡¡¡HE GANADO!!!

Lo juro. Ha sido..., ha sido..., yo estaba allí... claro, había ido... y estando... Como otras veces yo... Espera... El de al lado mío dice... no, el de al lado no... van diciendo los nombres, ¿no?... y entonces... cuando dicen... aplaudían... y yo...
He dejado pasar unas horas porque no me aclaraba de la emoción.
Empiezo de nuevo: He ido al concurso. El tema general era "Lo viajes interculturales", y éste lo sabíamos de antemano. Al llegar, por sorteo sale ya el concreto y definitivo, que ha sido "Explorar personas". Ya. Sí. Pues así ha sido: viajes, explora personas. Y entonces tienes 90 minutos para pensar, escribir, tachar, y pasar a limpio para que se entienda, lo que te dé de sí la cosa. Y así ha sido. Después de unas horas de deliberación, y una vez conocido el fallo del jurado, he tenido que releer mi relato en voz alta (se hace lo mismo que en Eurovisión. Y yo ahí, encontrándome al borde de la lipotimia total de mi persona, me he tenido que sentar un rato, para no hacer más el ridículo del permitido). Al releer PUENTES, que así se titula, digo, he expresado mi intención de no presentarme el próximo año. Y he oído suspiros de alivio (y hasta un intento de aplauso, me ha parecido). Ya lo dije la última vez que fui finalista, que cuando quedara primero, dejaba de presentarme al certamen, y así será.
En cuanto cuelguen el relato en su web, lo copio yo aquí. Ahora mismo no lo tengo. La única copia se la quedan ellos. Ya está. Ahora si que creo que lo he dicho todo. Y en un orden lógico.
Gracias por permitirme compartir esta alegría con todos/as vosotras/os.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Muerto pero mío

FUMIGACIÓN
Muerto pero mío otra vez, decía la Susi con sus ojos de china pegados a la jaula. Dentro yacía inerte el canario al que había bajado de la barra de la cortina a base de insecticida.

DE MÁS
Muerto pero mío también, dijo con un mohín, metiendo en el bolsillo del abrigo su mano de seis dedos.

REENCUENTRO
Muerto pero mío de nuevo. Y yo tuya para siempre. Ya verás qué felices vamos a ser a partir de ahora, amor mío. Vas a saber por fin lo que es sentirse en el paraíso. No te va a faltar de nada, créeme. Al principio te sentirás extraño, pero tú déjate llevar, es cuestión de tiempo. Y de eso ahora es lo que más tenemos. Fíjate, aquí todos los que ves estamos también muertos y ni lo notamos.

Estas fueron mis apuestas en ReC (Relatos en Cadena), esta semana pasada. En negrita, bla, bla, bla... Con el tercero sigo ahí, ahí, con el mismo tema...

sábado, 19 de noviembre de 2011

De luz

Foto casera
A mi madre le encantan las rancheras; y a mi padre, los boleros de Machín. Me gusta imaginarlos de jóvenes, como en una película antigua. Ella, rodeada de mariachis; él, con maracas en las manos. Cantando y hablando de amores para siempre. A veces, me emociono y me pongo a cantar con ellos cualquier cosa que se me ocurra. Lo hago a viva voz pero por dentro. No se me oye. Quien me mira sólo nota que sonrío y que los ojos me brillan. Entonces, me siento dichosa y vuelvo a ser niña. Pequeña. Pequeñita y alegre. Un bichito de luz sobre una pantalla en blanco y negro.
Para tí. Te lo debo. Felicidades. Ahora sí.

lunes, 14 de noviembre de 2011

FLORES

Foto propia
La vida casi nunca se delata, raras veces se la ve venir y cuando menos te lo esperas te sorprende con una de las suyas.
Después de quince años sin saber nada, sin que nadie supiera darme señales de ella; quince años que pasé primero buscando y esperando y luego intentando comprender sin dejar de esperar. ¡Quince!, y justo en ese momento me ofrecía claveles reventones en el semáforo donde estaba parado.
No dije nada, olvidé como se habla, la miré y ella no, desde su ofrecimiento rutinario no lo hizo. Estaba guapa, muy guapa, más de lo que el recuerdo la había embellecido con el tiempo. Se me hizo un nudo en la garganta, otro en el pecho y otro comenzaba a atarse entre las piernas. Me alejé con el coche sin tan siquiera decir no. Ella no miró, yo sí, todo el rato, y por el retrovisor al alejarme, y paré dos calles más arriba y la seguí mirando tan hermosa, con un delantal de tulipanes azules, cómo ofrecía, sin ver, claveles rojos. Azucena, balbuceaba yo, intentando comprender, sin hacer nada más. Allí plantado como un capullo, mirando y mirando sin entender. Bajé la radio, para oírme qué pensaba.
La busqué, todo el mundo sabe que la busqué, incluso cuando la dejé de buscar seguí haciéndolo. Y el día de mi boda también la esperé entre el bullicio; y en el entierro de su padre, pero no, no apareció. Tampoco lo hizo cuando se la requirió desde el juzgado para no sé qué trámite hereditario. Nunca supe de ella hasta ese momento en el que no acerté a reaccionar.
Decidí volver a pasar con el coche y así, quizá, con la euforia del reencuentro invitarla a comer y escuchar cuanto tuviera que contar. Pasé tres veces antes de que el semáforo decidiera coincidir conmigo. Ya parado a su altura, le busqué la mirada, pero no se dignó a mirarme, ni yo a hablarle; metiendo la primera pensé “no son horas de invitar a nadie a comer”. Eran las seis y media de la tarde.
Volví al mismo lugar de antes. Subí la radio, bajé del coche y la observé apoyado en él, ya sin disimulo. Empezó a sonar esa bachata de moda: Es por culpita de esa manía, que sigo yo atrapado… Ideé algunas excusas más para abordarla, que tampoco me convencieron. Ella miró hacia donde yo estaba en algún momento pero creo que no me veía; el sol ya estaba bajo y lo tenía a mi espalda; pero yo le sonreía por si acaso. …y van dejando su rastro, su aroma sobre tus sienes… Pasó más de una hora y la canción sonaba por tercera vez. En la calle casi no quedaban coches, ni a mí motivos para no ir a su encuentro. …dilo, di que no sabes volver y me vuelvo yo contigo... Imaginaba como la zarandearía cogiéndola por los hombros y, entre la lluvia de claveles rojos que escaparían de sus manos, reprocharle a voces los quince años pasados. …dejaste prendido en mi almohada el olor de tus cabellos… Otra opción, aunque igual de cinematográfica, sería abrazarla y llorar contra su pelo y dejarme resbalar hasta caer de rodillas cogido a su delantal. …que sin buscarlo sigues tú siendo, la dueña de mis sueños… Eso sí, al ser éste estampado de tulipanes, esta secuencia tendría un aire más centroeuropeo, más de cine de autor.
No logro saber qué ocurrió después, no lo recuerdo. No sé por qué escena me decanté finalmente. O si opté por la improvisación sin más. Sólo puedo decir que me acerqué a ella temblando, tiritando diría mejor, con un vértigo nuevo en el estomago; que sentí el olor a clavel, a tulipán, a azucena; que la agarré de un brazo y me miró; que la voz no me salió sola, que la tuve que empujar para decirle: vamos, ya va siendo hora de cenar.
No recuerdo nada más, de verdad, lo juro. Lo siguiente ha sido oír esta mañana el susurro somnoliento de mi mujer diciendo: anoche llegaste muy tarde y cuando me besabas, tu boca sabía a flores.


Este fue el relato ganador del mes de enero en el III Concurso Internacional de Relatos Radiofónicos EN DIAS COMO HOY de RNE

jueves, 10 de noviembre de 2011

Bienvenida

Y nada más existió hasta el próximo tren que silbó a lo lejos. Entonces, alguien dijo, es ese. Cogí mi vieja chaqueta rota, el casco de moto y un ramo de rosas robadas. No vayas a la estación, espérala en el cruce, dijo su abuelo. Todos me miraban. Es nuestro destino, dije, y partí. Me siguieron hasta la puerta. Supongo que sabrás reconocerla, dijeron a mi lado, han pasado muchos años del accidente. Claro que sí, contesté sonriendo, ha venido a traerme flores cada uno de noviembre.

Esta ha sido mi contribución esta semana a ReC (Relatos en cadena de la SER). En negrita, la frase de inicio.

lunes, 7 de noviembre de 2011

CUERPOS


Damián después de bañarse está sentado en una silla, de perfil a la pared. En el baño sólo hay un candil encendido. Se corta las uñas de los pies. Sin prisas, despacio. Silencio chispeado de los ruiditos metálicos del cortaúñas. Gira la cara. Parece que niño y sombra se mirasen. Se observan como si se descubrieran por primera vez. Mantiene la mirada, y luego vuelven ambos a los pies. A partir de ese momento se observan una y otra vez después de cada uña, hasta que acaban con todos los dedos, con los veinte. Durante un rato, subyugado por la exactitud con que se mueven al unísono, Damián juega a mover las manos, a girarse de improviso, a ladear el cuerpo.
De pronto, la madre, a la que no se ve, lo llama. Tiene una voz peculiar, cansada, como a treinta y tres revoluciones, o como si abriera mucho la boca para hablar.
–Damián, es hora de dormir, ¿vienes hijo?
Damián alza la cabeza y responde con la misma entonación que sí, que ya va. Vuelven a mirarse niño y sombra. Se pone de pie y camina poco a poco, sin dejar de buscarse de soslayo.
La sombra se diluye donde no llega la luz. El niño deja de verse en lo oscuro. Desde lo negro se oye de nuevo a la madre, modulando cada palabra antes de dejarla salir flotando.
–Damián, ¿qué hacías hijo?
–Nada, mamá
–responde él.
Silencio a oscuras.
–¿Sabías, mamá, que entre la luz y nosotros hay cuerpos?
Sí, hijo, lo sé –contesta- . Pero nunca intentes hablar con ellos, se asustan con facilidad.

Con este relato, que un día fue escena teatral, participo en el 2º Certamen de Microcuento Fantástico FANTASTI'CS 2011. Para leerlo in situ, clica en el cartel.
Va por ti, Paly.

jueves, 3 de noviembre de 2011

TREN DE IDA


Estaba convencido de que ella bajaría antes, pero no lo hizo. Y cuando llegó mi estación, al mirarla, me miró y yo tampoco bajé. Ahora nos buscamos los ojos en cada parada, aguardando en vilo por si el otro al fin cede. Hace tanto tiempo que quedó atrás mi destino que los paisajes me son ajenos. Alguna vez esto acabará, lo sé. Ese día volveré a mi vida, la de a pie. Si es que me queda. Mientras tanto, ésta la voy consumiendo en este vagón donde sólo puedo vivir pendiente de la próxima estación.

Y éste es el que también llevé, pero que, por falta de tiempo, no leí. Como digo, ambos han sido colgados en el blog de Ginés: www.uneternoygracilbucle.es/gines/Gblog/ Y para mí ha sido como ser premiado o así.
Gracias, Ginés por tus enseñanzas y, ahora, por este detalle.

Como a una reina


Al subir por primera vez a su coche, él le preguntó si le molestaba el aire acondicionado y ella se conmovió hasta el puchero. Jamás su marido la trató tan bien.

Este es el relato que llevé, se leyó y comentó en el taller de microrrelato de la Biblioteca Esteve Paluzie, de Barberà. Fue impartido por el escritor Ginés S. Cutillas, el cual, además, ha tenido el detallazo de colgarlo en su blog: www.uneternoygracilbucle.es/gines/Gblog/