sábado, 18 de marzo de 2017

EL VESTIDO

Imagen de la red, tuneada.
Simona sale cada mañana con un vestido nuevo de igualdad, estampado de razones y derechos. Pero conforme pasa el día, la tela va perdiendo su color. Se destiñe con ese roce continuo que discrimina, con esa pasividad que despinta y amarillea. Sin poder evitarlo ella, se le descose el dobladillo de pura misoginia. Le rompe las costuras tanta violencia. Cada abuso es una mancha que no se quita; cada asesinato, un jirón sobre su ropa. Cuando llega la noche, camina vestida con unos harapos descoloridos que desconsuelan. Y al entrar en casa, tan muerta, ya solo lleva encima andrajos. Sucios. Andrajos completamente sucios de diferencia.

El otro relato con el que participé en ZENDA, en la convocatoria #historiasporlaigualdad.

sábado, 11 de marzo de 2017

LAPSUS

Imagen de la red, tuneada.
Marisol se levantó tarareando. Aunque no era propio de ella, que se despertaba siempre enfurruñada con la vida. Se duchó, se puso crema hidratante, insistiendo en los pechos. Escogió ropa de la comprada la semana anterior y se maquilló, discretamente según ella. Una vez peinada, y con unas gotitas de perfume, se miró y a su cara le dijo: te quiero más que a mí misma. Y se echó a reír a carcajadas desproporcionadas, más por la emoción, que le rebosaba, que por la ocurrencia. Ese día no iría a trabajar, se lo había tomado libre porque tenía cosas más importantes que hacer. Antes de salir la llamó su madre que insistió en acompañarla, porque si la primera tuvo que dejar que se encargara el padre, en esta ocasión quería estar ella presente porque sí y no se hable más. Por el camino recibió las miradas de siempre, pero esta vez no pareció notarlas. Y al llegar a la puerta ya estaba allí esperándola, con un ramo de flores variadas en la mano. Ella no pudo evitar un puchero fugaz al verlo, y su madre una llorera profunda al entregárselo. Permanecieron un rato en la acera abrazadas, diciéndose palabras que no acababan de pronunciar, intercambiando pensamientos que no necesitaban articularse. Luego, ya más tranquilas, con el carmín ajeno borrado de las mejillas y los senderos del rímel eliminados, recompuestas entraron al reino de los archivos grises. Esperaron su turno sonriéndose cada poco. Y cuando les tocó, Marisol, que debía pelear dos veces por la igualdad, puso sobre el mostrador que separaba el mundo registrado del real, los documentos tantas veces repasados y ordenados. Aquí tiene, le dijo al funcionario de los juzgados, ahora sí, póngame por fin el nombre que mi madre eligió para mí y que la naturaleza, en un lapsus, trocó por el de mi padrino. 

Relato con el que participo en la convocatoria de #historiasporlaigualdad de ZENDA. Si te apatece, el plazo finaliza el domingo, 12 de marzo.