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Imagen del certamen |
Las tardes más
calurosas del verano las pasábamos en el río jugando a submarinos. O buscando renacuajos y piedras de tres
colores. Mientras, ellos se querían de la mano sobre una manta y de vez en
cuando vigilaban que los dos sacáramos la cabeza. Es curioso que recuerde
aquellos momentos como fotos en blanco y negro. Desde el día que la saqué yo y
mi hermano no, la vida es otra. Ahora en casa es como si buceáramos todos. En
agua marrón. Sin ruido. Todo el tiempo. Silenciosos. A veces, cuando hablo,
ellos me miran como si estuviera muy lejos. O como si prefiriesen que yo tampoco
buscara salir a respirar.
Relato finalista, en castellano, en el último mes del concurso de La Micro. Compartí podio, entre otros, con amigos como Ángel Saiz y Asún Gárate. La ganadora ese mes de mayo fue Esther Cuesta. Pincha AQUÍ y te llevará hasta sus micros.
En catalán el ganador fue Celestí Casòliva.
Es espectacular MiguelÁngel. El giro inesperado me ha gustado mucho y me ha encogido el alma. Felicidades.
ResponderEliminarBesicos muchos.
Gracias, Nani. Sí, encoge el alma pensar en una época así, tras un suceso que maraca para siempre.
EliminarUn abrazo.
Rezuma placidez y desesperación. El contraste de ahora estamos bien, ahora ya no.
ResponderEliminarUn abrazo de enhorabuenísima.
Sí, se nota el antes y el ahora? Contrasta la felicidad con el ambiente claustrofóbico de después, me imagino. O es lo que intentaba.
EliminarUn abrazo, Lolaza.
Bucear en tus textos es una experiencia que corta la respiración y llena los pulmones de admiración.
ResponderEliminarEnhorabuena!
Sí, vale, pero es que también hay que contar con cuánto me quieres tú...
EliminarUn abrazo grande, ReCompañera.