domingo, 22 de marzo de 2015

THE OTHER

Portada de la Revista, de Ismael Alvárez
La semana pasada apareció el primer número de La Revista THE OTHER, y en ella se hacen eco de De Lo Que Quise Sin Querer. Además de la biografía, publican tres de los microrrelatos incluidos en el libro: La Perdonamuertes, El Niño Que Fui y Nocturnidad
THE OTHER nace, lo sé porque me lo ha contado alguien del comité editorial, nace digo, con el deseo de ocupar un puesto hasta ahora bacante. El de ser una revista dirigida al colectivo LGTBI y simpatizantes, pero tratando temas que de verdad interesen al colectivo LGTBI y simpatizantes. Con lo cual, intenta ser una revista seria, huyendo de la mera frivolidad, aunque sin renunciar a ella, y tocando temas de actualidad, sobre todo en lo referente a esta parte de la ciudadanía en el mundo.
El número 1 de la revista sale con una portada del ilustrador y artista Ismael Alvarez, y viene cargada de artículos y algún reportaje. 
Sí clicas en la imagen, te lleva a la web de donde te la podrás descargar. Míratela y, si te sulibeya, que va a ser que sí, te suscribes de forma gratuita para recibir los próximos números. Para terminar, copio lo que dice la propia web:
 
"Hay quien dice que las cosas han cambiado. Quien asegura que eran otros tiempos. Quien opina que seguir celebrando el día del Orgullo ya no tiene sentido, porque ya no hay más nada más que reivindicar. Quien cree que ya nadie muere por ello. 
Si todo eso fuera cierto, THE OTHER hoy no tendría razón de ser." 

Nada más que añadir. Eso es todo.

sábado, 14 de marzo de 2015

EL AFORTUNADO

El día, Rosana, que te fuiste de casa por la mañana, salió premiado nuestro cupón por la noche. Y yo comencé con mi estreñimiento.
Cuando Nico me dijo, qué te pasa, papi, me di cuenta que llevaba seis minutos ante el televisor, de rodillas en el suelo, mirando los números como si tuviera que descifrarlos. No sabes qué desgraciado me sentí siendo millonario. Al día siguiente era sábado, así que el cupón lo guardé en el cajón de la mesilla, junto a los relojes caros, esos que no me pongo. Ya iría el lunes donde tuviera que ir. No quise decirte nada, para qué, ya me lo dejaste bien claro: ni por todo el oro del mundo volveré contigo, Nicolás. Pasé el fin de semana llorando a escondidas del niño, y casi de mí. Nico me preguntó el lunes trece veces por ti. Fueron unos días duros. En mis respuestas, te envié a comprar, a la pelu, a la esteticién, al cine. Ya ves, hice de ti una derrochadora compulsiva. Durante un mes, me funcionó. Al despertar, le decía que acababas de irte; o que, justo dormirse, llegaste para darle un beso. La misma táctica que seguíamos con los reyes magos. Al cabo de treinta y cinco días le dije, te voy a decir la verdad, Nico: la han llamado para un papel junto a Jim Carrey, el de la máscara. Ya sabes que es su favorita y la estábamos viendo por undécima vez en ese momento que me lo preguntó de nuevo. Esa noche Nico durmió como hijastro de una estrella, y eso ya no había quien se lo quite. Esta fue la verdad que le conté, la verdadera verdad no fui capaz de explicársela. Qué podía decirle, que te habías ido a crecer por dentro, pues somos pura energía umbilicada al universo que nos hace uno, como decías. No lo habría entendido. Como yo. Pura energía. La misma energía que te estábamos consumiendo cada día Nico y yo, dijiste. Como si nosotros no fuéramos parte de ese uno con derecho a cordón energético.
Perdona el tono, Rosana. Siento, recordarte todo esto ahora, pero es necesario que sepas cómo lo viví. Lo cierto es que llevabas tres meses haciendo yoga, y te removía muchas cosas internas, me repetías al volver cada martes y cada jueves. Yo ya sabía entonces, que lo que te removió tus interioridades no fue el yoga, que era el profesor de yoga. Una salamandra con perilla, pantalón de Alibabá y mirada con tendencia al entrecejo, que repartía abrazos por donde iba, y que se había convertido en el guía espiritual e imprescindible de esa crecida interna tuya. Pero tú no quisiste admitir en ese momento que era más por él que por el aseo de tus chacras. Ni yo te insistí. En el fondo me la traía al pairo el motivo. Sólo me importaba tu marcha. Y tu vuelta.
El día que volviste, Rosana, yo seguía estreñido. Abrí la puerta y allí estabas tú, vestida para un pasacalle, y con una mochila que habías cambiado por la Sansonitte que te llevaste. Lo siento, amor, dijiste. Estabas guapa, salvaje, como venida de la selva, natural. Después de una breve explicación, en la que en realidad no dijiste nada, admítelo, hicimos un paréntesis que yo inicié con, tienes una pestaña. Seguidamente lo hicimos, como al principio, con mucho movimiento brusco y mucho ruido. Por suerte, a Nico le tocaba con su madre. Acabamos con aquellos alaridos de mono enfadado de los que luego nos reímos tanto, y que sirvieron como cierre del paréntesis. Después, aún arrodillado en el suelo, recordé que el cupón seguía en el cajón donde lo metí. Te dejé tumbada sobre el mantel de la mesa, del que habíamos tirado en algún momento, y fui a buscarlo. ¿Recuerdas? Te lo puse en las manos. Qué es esto, dijiste, es un cupón del día que me fui. Se te dibujó un puchero. Y volviste a decir lo siento, lo siento mucho, amor. Quise explicarte en ese momento, pero seguías hablando. Estos cuatro meses te los voy compensar con creces, amor, te lo juro. Cuatro meses. Cuatro meses hacía que te habías ido. De pronto, un calor de diarrea venidera se apoderó de todo mi ser. Fui a la cocina a beber un vaso de agua, y mientras la tragaba miré la fecha en el calendario escolar de Nico, apretando el esfínter. En efecto, hacía exactamente cuatro meses y tres días que te habías ido de casa. Volví, te cogí el billete, que aún conservabas en la mano, me dirigí al baño, y grité: ahora salgo, mi amor. El sudor me empapaba entero. No te miento. Me senté en la taza, y busqué en la letra pequeña mientras me vaciaba. Treinta días. Ahí lo ponía. Apreté. A los treinta días el cupón perdía todo su valor. Dejé de apretar. Antes de salir me duché con agua fría porque el calor no se me iba; al contrario, me venía una y otra vez sin esperar a que se fuera el anterior. Me miré al espejo. Mientras me hacía la raya con el peine iba pensando que debía ser cosa del destino. Recordé aquello de desgraciado en el juego, que siempre había oído. Respiré hondo. Cuando pensé que ya no quedaba, hube de cagar otra vez, y en cantidad inmisericorde de nuevo. Me levanté y me senté hasta siete veces. Mi intestino, lo mismo que mi destino, jugaba conmigo. Eso sí, quedé hueco, como si mi colon fuera de aluminio, impoluto por dentro. Gasté todo el papel, y tuve que acabar limpiándome con el cupón.
Cuando salí, seguías desnuda, con cara de preocupación. Te ocurre algo, me preguntaste. No, mi amor, que hice la promesa estúpida de comerme el cupón a solas si volvías. Ahora sabes qué hice en realidad con él. Pero no mentía cuando te dije, acercándome y abriendo otro paréntesis: Rosana, me siento tan afortunado.

Este es el relato que resultó finalista este año en el XIV Concurso ‘Antonio Villalba’ de cartas de amor, de la ESCUELA DE ESCRITORES. Si clicas AQUÍ puedes leer el otro finalista y el ganador. Y los ganadores de las ediciones anteriores.

domingo, 8 de marzo de 2015

Con CASERO y la PALUZIE

Elena Casero, escritora y con todo el tiempo del mundo ahora a su pies, hace unas semanas publicó una reseña de De Lo Que Quise Sin Querer. AQUÍ la puedes leer, en su blog VEGES TU. Aunque ella cuenta con otra bitácora, donde puedes leer microrrelatos propios que es ESTE.
Elena tiene publicado un libro de relatos y, en el mismo mes que el mío, publicó su tercera novela DONDE NUNCA PASA NADA. Además de eso, está emprendedora de todo lo emprendible, y de lo que no, también, se atrevió el año pasado a dirigir en el grupo de teatro al que pertenece, La Albosa, allí en Los Isidros, una versión muy CASERO de Anda Que No Te Quiero. Le sobran arrestos y honestidad a partes iguales a ella. Gracias de corazón, compañera.

Vamos con la PALUZIE. Esta semana La Micro ha publicado en su blog, que es ESTE, la noticia de que mi libro ya pertenece a su fondo literario, el dedicado al Microrrelato. Junto a este anuncio ha colgado dos de los relatos incluidos en el libro: Ojos De Muñeca Antigua y Mesa Compartida.
Para quien no lo sepa, la Biblioteca ESTEVE PALUZIE, de Barberà del Vallés, es la única en todo el mundo que cuenta con un fondo dedicado a la Microficción. Como para no sentirse hinchado ni que sea un ratillo. 
Desde aquí, GRACIAS de nuevo por todo lo grande que hacen por este género tan diminuto. 

sábado, 28 de febrero de 2015

CALLADITAS

La Sebastiana, según MARTUKA
En boca cerrada no entran moscas, repetía la Sebastiana, al tiempo que me daba bajo la barbilla con el reverso de su mano grande, llena de huesos y con olor a lejía. Otras veces lo acompañaba de “cuando los mayores hablan, las niñas se callan”, o cosas parecidas.
La Sebastiana era una vecina cuyos lazos se enredaban con los del parentesco. Respetada por todos. Y con derecho a enviar a comprar a los hijos de otras, a opinar sobre las borracheras de los maridos ajenos, a organizar el día cuando se encalaban las fachadas. A reñir y  mandar callar a los niños con ese revés aséptico incluido, sin que las madres le afearan el gesto.
Esta niña está comiendo demasiado, le va a hacer daño tanta sandía, declaraba. Y mi madre, venga, no comas más, a la calle a jugar. Si en  uno de esos momentos hubieran mantenido la atención sobre mí, habrían visto el aura de odio en la que salía envuelta, porque tanta rabia no podía caberme en un cuerpo tan pequeño y a la fuerza me debía rebosar por todas partes. Pero nunca me miraban mucho rato seguido.
La casa de la Sebastiana estaba a la entrada o la salida del pueblo, según si llegabas o te ibas. Ella vivía sola la mitad de la vida y la otra mitad en mi casa con nosotros. Se acercaba muchas veces a lo largo del día. Hasta once veces le conté una vez. Cuando se lo hice saber con expectación infantil, me contestó, niña, calladita estás más guapa, y me soltó su revés huesudo.
Yo la odiaba por sus sopapos de lejía, y por el poco cariño que siempre me demostró. Sólo en una ocasión creí sentir que quizá podía quererme algo. Una en la que me dio con la mano antes de que acabara de hablar haciendo que me mordiera la lengua y sangrara mucho. Entonces vi a la Sebastiana apresurarse nerviosa para cortarla, y me pareció verle alguna lagrimilla. Aunque de esto no estoy segura, pues pudieron ser las mías. Eso sí, me apretó la cabeza contra su estómago balanceándola y  repitiendo, pobrecita mía, pobrecita mía muy seguido. Y aunque casi no podía respirar por la fuerza que estaba poniendo, me habría quedado allí lo que quedaba de día. Esa tarde la Sebastiana fue muy considerada conmigo y yo me mantuve a su lado disfrutando de ese nuevo matiz en nuestra relación. Pero a la que habían pasados dos horas se le había olvidado el incidente y viendo que me encontraba todo el tiempo pegada a ella y estorbando, soltó un “esta niña que moscona que es”. Y de un manotazo me apartó de su lado. Ahí se acabaron las existencias de cariño que reservaba para mí.
Con el tiempo a la Sebastiana la recuerdo siempre tal y como era, en gris y negro. Menos sus manos y su cara, que tiraban más al rosa. Muchos años después, por las asociaciones curiosas y tontonas que hace la mente, al escuchar una canción de Mecano, donde dice “vestir de rosa y gris” sin darme cuenta me venía a la cabeza la Sebastiana, y sonreía.
A mi madre le reproché en alguna ocasión que la Sebastiana me golpeara y ella no hiciera nada por evitarlo. La última vez que se lo recriminé, estaba yo en ese momento secando a uno de mis hermanos después de haberlo bañado en el barreño y mi madre poniendo el pañal al más pequeño sobre la cama. Ella, sin tan siquiera mirarme contestó: déjame ahora, viste a ese que tendrá frío y vete a por el pan que me duele la cabeza, anda.
En muchas ocasiones sin ningún esfuerzo añadido, sólo con la energía que la rabia me daba, habría empujado a la Sebastiana los trescientos metros que separaba mi casa del barranco del Huérfano, que estaba detrás, para despeñarla por él. Con las manos en jarra la vería cayendo y cortándose con los vidrios, clavándose por las piernas y por la cara hierros oxidados, latas, muelles del colchón, cuchillas Filomátic y cosas que la gente tira en los barrancos. Viendo cómo al final se hincaba en los ojos unos clavos que precisamente le quedarían al alcance de los mismos. Era una visión con la que me vengaba interiormente mientras gatunamente me acariciaba el golpe después de un “en boca cerrada no entran moscas”. Y probablemente algo así ocurrió.
Llevaba dos días sin aparecer por casa. Me había acercado con mis hermanos unas veces y con mi madre otras, pero no estaba en la suya. Todos empezaban a preocuparse. Fue jugando en el fondo del barranco, hasta dónde casi nunca bajábamos, donde la encontré tal y como le había deseado. Pero una cosa es desearlo y otra cosa es quererlo. Cuando la vi, estaba comidita de bichos y aferrada a un colchón. Seguramente, dijeron luego, perdería el equilibrio al intentar lanzarlo. Los ojos sólo cerrados, no perforados, y lo agradecí. Sin charcos de sangre. Si los hubo, toda la porquería del muladar o los insectos los habían absorbido en ese tiempo. Tenía la boca abierta y oscura. Y justo en ese instante vi salir de ella una mosca gorda, verde y ruidosa. “En boca cerrada no entran moscas”, me pareció oír. Pero seguramente sólo lo imaginé, pues no hubo revés ni olor a lejía. Y las dos permanecíamos calladitas.

Relato presentado junto a esta ilustración de MARTUKA, tan llena de detalles, al VI Premio Opticks Plumier de Relato Ilustrado; concurso en el que dicho conjunto ha resultado destacado junto a otras cuatro propuestas. Clica AQUÍ para conocer al ganador y finalista.
Pinchando en el nombre de la ilustradora, te lleva a ver otras preciosidades suyas.

domingo, 22 de febrero de 2015

Cuatro cosas te digo

Foto casera (y frangollera)
UNA 
El sábado pasado resulté GANADOR dos veces y FINALISTA en la general, en la XIV edición ANTONIO VILLALBA de cartas de amor, de la Escuela de Escritores.
AQUÍ, puedes leer el ACTA del concurso. 

DOS
Esta semana, mi buen amigo FRANCISCO GIJÓN, volvió a darme la oportunidad de explayarme en su casa. En un ciclo que dedica a autores amigos suyos, a mí también me reservó un espacio. AQUÍ puedes leer la de pegos que dije en un momento, aun a riesgo de perderle como amigo.

TRES
El lunes nos enteramos de que en el VI Premio Opticks Plumier de relato ilustrado, que participé junto a la ilustradora MARTUKA con el trabajo CALLADITAS, ha resultado destacada la nuestra junto a otras cuatro propuestas. En breve cuelgo el relato junto a la ilustración, deliciosa, como siempre de Marta.
Accede AQÚÍ a la revista si quieres leer al ganador y finalista del concurso. 

CUATRO
Hace dos días, mi amigo, el ilustrador JUANLU, publicó en su blog una ilustración que en su día hizo para un relato incluido ahora en De Lo Que Quise Sin Querer. El relato en cuestión es LA PRESA y en la entrada volvió a mencionar el libro. AQUÍ puedes verla junto al micro, si no lo hiciste en su momento.

Hala, cuatro cosas bien dichas que hablan de dichas.

domingo, 15 de febrero de 2015

Con NASELLO y MASÓ

En semanas pasadas he estado de parranda. Bien, yo no, mi descendencia. Bueno, tampoco exactamente... Vamos, que dos microrrelatos de mi autoría han aparecido en otros tantos blogs. Ahora sí, que me lío.

Jordi Masó
El primero fue en casa de JORDI MASÓ, La Bona Confitura. A la que se llevó mi relato La Perdonamuertes (La Perdona-morts), traducido al catalán por el maestro (me da igual que luego me riña) Pedro Herrero, de Humor Mío.
Es la segunda vez que Masó me publica en su blog, después de Por El Desagüe (Pel Desguas), también traducido por Herrero.

Patricia Nasello
Unos días después llego ella, PATRICIA NASELLO, con su blog Piedra y Nido, que publicó mi Escena Contemplativa
Aunque ella mantiene otra bitácora, Patricia Nasello Microrrelatos, en esta, en la que aparezco, publica con generosidad relatos de otros autores que por algún motivo le indujeron a ello. Puedo contar que me siento de lo más halagado con que me haya incluido en esa lista, en la que aparecen escritores que tanto me admiro.

Desde aquí, gracias, Jordi, Patricia, por semejantes regalos. Por, como perfectos anfitriones, hacerme sentir importante en vuestras casas. GRACIAS.

sábado, 7 de febrero de 2015

CÁNTABRA


Obdulia es cántabra. Y circunspecta y acantilada. Pero cuando ríe, es como si las aves de las Marismas volaran en su cara. Tiene un ojo verde y el otro azul, y ella ve, claramente, que es por el paisaje. Ella y cualquiera que la mire y luego observe a su alrededor. Porque enseguida se entiende que el entorno, con ella en medio, hace mucho. Y a continuación uno no puede, o no quiere, evitar caer en el precipicio de su persona.
Pero ella, que únicamente ha nacido una vez, de momento, si volviera a hacerlo, lo que querría es, no tiene ninguna duda, ser miel de esa tierra del norte, para deshacerse despacio, piensa, en los paladares de los niños y las preñadas; pero sobre todo, en la boca de labios prietos de un montañés que solo ella sabe.

Con motivo del XXXIII Anirversario del Estatuto de Autonomía de Cantabria se convocó un certamen en el que se hiciera un homenaje a todos sus ciudadanos a través de los productos y sabores propios de la tierra. Este micro fue seleccionado para aparecer en el libro digital conmemorativo. Clica AQUÍ y podrás descargarte el libro y/o leer el resto de relatos entre los que están el de la ganadora, Raquel Lozano, y muchos otros compañeros de escritura.