sábado, 11 de enero de 2020

La extraña visita


Imagen de la red
Sí, el mismo —responde ella—. Disculpen que no me levante.
Mira a su marido, que sigue como ensimismado, sin decir apenas nada. Todo el embarazo lo ha pasado igual. Tan pendiente de las aves, desde entonces.
Cuando uno de ellos hinca la rodilla en el suelo, se percata del embelesamiento con el que observan al niño. Incómoda, lo coge de la cuna y lo aprieta contra su pecho y, para desviar la atención de esos señores tan finamente vestidos, de los que no tiene claras sus intenciones, retoma la palabra.
—Así que vienen ustedes, los tres de Oriente.

Relato que resultó mencionado en la VII Certamen de microrrelato REALIDAD ILUSORIA. Pincha AQUÍ para conocer al resto de mencionados, ganador y finalistas, entre los que hay un buen puñado de amigos y talentosos escritores. 
Gracias, Miguel Ángel Page, por toda la ilusión, y al jurado, por la faena en estos días señados.

lunes, 6 de enero de 2020

SED DE SANTA

Imagen casera

Todos me miran perplejos y detenidos. La abuela, que vuelve de la cocina, incluso se derrumba en la silla más próxima con la panera en la mano. A los niños, sin pestañear ni quitarme ojo de encima, los rodea su madre con los brazos. El marido aprieta en su mano el trinchador del pavo y en la otra, el cuchillo. Nadie dice nada. El árbol parpadea mudo en un rincón. Estoy a punto de soltar una risotada, pero entiendo que no viene a cuento. Finalmente, mostrándoles el balde y un cuenco vacíos, con la boca reseca, hablo yo.
—Disculpen que entre así, sé que es temprano, pero ¿podrían darme de beber? Todo está cambiando mucho, la nieve se agota pronto y en el camino no he encontrado agua potable. Los renos se me están deshidratando.

#cuentosdeNavidad para ZENDA

domingo, 15 de diciembre de 2019

INUNDADOS

Imagen tomada de la red

En la última riada perdimos a la única abuela que nos quedaba. Antiguamente las había muy a menudo. Las riadas, digo. En otras anteriores se habían llevado a mi hermano chico, con su cuna y todo, a una cuñada taquígrafa, que teníamos, un bonsái heredado y la nevera, con la compra de ese viernes recién hecha, entre otros muchos seres y enseres. Ya no hay inundaciones. Porque ya no queda nada que inundar. Todo está húmedo, anegado o sumergido. 
Antes de que se la llevara el agua también, en la tele contaban que tanta desgracia pantanosa era por causa del deshielo de los polos. Y por el clima loco y la contaminación y los plásticos en el mar y los incendios. Y por los ríos, que prefieren volver a su cauce. De eso hace ya muchos años. Por entonces, los vecinos lo comentaban cuando salían a tomar el fresco y se acababan burlando de esas ocurrencias. Ahora no hay quien salga a tomarlo, porque todo está igual de fresco y no hay que ir a buscarlo a ningún sitio. Y porque se ha de permanecer dentro, achicando agua continuamente, si se quiere respirar sin ahogos y fatigas. Además, ya nadie tiene ganas de hablar, ni motivos para reírse. Todos han perdido a alguien, arrastrado o disuelto por el agua. Y tampoco salen a la puerta por lo otro, lo peor de todo, que en la calle ahora siempre huele a seres vivos muertos.

Mi apuesta para ZENDA, sobre el cambio climático.
#COP25

sábado, 16 de noviembre de 2019

Dos silencios

Imagen de La Micro
Habíamos oído hablar de él. Aun así, o quizá por ello, hubo una chillería colectiva y desmesurada cuando apareció de pronto de entre la espesura. Fueron unos instantes de confusión y espanto, de nervios con cierto toque también de fascinación. Abrazadas entre nosotras, lo vimos volver a desaparecer precipitadamente, más veloz incluso que como llegó. Todas, aún escandalizadas, seguían gritando. Menos yo, que me había quedado muda. Y continué igual al llegar a casa, cuando mamá me preguntó por la excursión y no supe qué decir; ni cuando miré a papá, que no levantaba la cabeza del diario para saludarme.

Tras quedar como ganador anual la edición pasada, con La Vida Ahogada, este es el relato que ha resultado ganador este octubre, en la categoría en castellano, en la actual IX Edición del Microconcurso de La Microbiblioteca. Felicísimo, ¿cómo voy a estar?
Para leer el ganador en català de este mes, pincha AQUÍ.

sábado, 6 de julio de 2019

Dentro de lo malo

Imagen tuneada de  la red
Nos apenó que no le quedara ni un recuerdo para rellenarlas. Las sobremesas con la tía Carmina siempre habían sido lo mejor de volver en verano. Sesiones repletas de picardía. De rencillas antiguas, amorosas y de otras. De líos, revelaciones y misterios. De comadreos del pueblo. A veces aparecían repentinos pellizcos de posguerra, de hambre, disparos y traiciones, que la fundían a negro. Pero pronto remontaba rescatando otras risas del pasado con las que salpicarnos a todos en el presente. 
Era triste ahora verla así, sonriendo muda sin dientes, como un bebé vestido de oscuro. Dolía. Entonces, alguien dijo: lo bueno es que también se le habrá borrado la guerra.

Tercera y última llamada de Relatos en Cadena, en esta edición que el próximo lunes finaliza. Esta vez tampoco superé la semanal. La temporada que viene, ahí, con más ilusión.

sábado, 16 de marzo de 2019

Gigante interior

Imagen tuneada de la red
Un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente en el pecho de Matías. De acero gris rabia y lana trémula deshilachada. Aún caminó unos metros más sin llegar a girarse. En la sien, sístole de coraje, diástole de temor. Pero alguien tiró con tanta fuerza de la mochila que llevaba a la espalda, que hizo que perdiese el equilibrio y cayera al suelo. Desde abajo miró uno a uno a los que jaleaban y reían. Entonces, lenta, muy lentamente fue levantándose. Cuando estuvo de pie, el niño medía más de tres metros. Mucho más. O así lo recordaron de por vida aquellos que recibieron su merecido.

Segundo intento en esta temporada de Relatos En Cadena. En esta ocasión no pasé a la final mensual. Seguimos, que será a la tercera. 

sábado, 2 de marzo de 2019

VÍA LIBRE

Imagen de Camille Witt
Sabía de madres que amenazan con lanzarse al tren, con tomar pastillas o tirarse por el balcón. La mía siempre advertía que un día saldría corriendo. Y lo hizo. 
Primero dio unas vueltas a la manzana, mientras echaban fútbol en la tele. Hacia el final del partido volvió, hizo la cena y puso en remojo unas lentejas, antes de acostarse. Otra vez, también harta, recorrió todo el barrio a paso ligero. Más tarde se apuntó a carreras de madres, a las que no contaba nada. Después, de personas en general, a las que tampoco. Intentaba tapar con maratones los moratones del día. Una tarde, con el labio recién partido, soltó lo de correr definitivamente el Camino de Santiago. Mi padre, sin fijarse en su boca, la empujó de nuevo gritándole: ya te estás pasando, zorra. Ella no dijo nada; después de quitarse el chándal, se puso a limpiar la campana extractora, que no estaba sucia. Ese amanecer salió como el sol, pero ella no volvió a ponerse. Papá, que nunca quiso entender nada, la busca en Galicia para traerla. Pero yo cada noche me tumbo mirando el firmamento, esperando verla pasar corriendo, feliz por la Vía Láctea.

Relato con el que participé en su día en un concurso y con el que, una vez reciclado, revisado y mejorado, participo en la propuesta de Ana Vidal en un Viernes Creativo de su Bic Naranja, con esta imagen de Camille Witt.