Mostrando entradas con la etiqueta ·La Esfera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ·La Esfera. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de octubre de 2012

CONSENSO

 
En mi escalera las cosas se deciden por consenso. O por puro convencimiento. El mío. Me explico: he decidido que hay que rehabilitar la fachada, así que, antes de exponerlo en una reunión, habré de hacer campaña para asegurarme su aprobación. Por supuesto, acabo convenciendo siempre, si no, no me pondría. Expongo, yo vivo en un primero y no hay ascensor, por tanto, los vecinos a la fuerza han de pasar por mi puerta. Es decir: yo lo controlo todo como en la aduana. Y eso es esencial en mi estrategia. Somos ocho vecinos, y con la del local de abajo, nueve. Por tanto, con cinco que votemos en positivo ya ganamos. Pues bien: la Desi, que es la hija de los del segundo,  se pega unos filetazos tremendos, sin repetir nunca contrincante, justo enfrente de mi puerta, de mi mirilla, para ser más concretos. Y cree, la ilusa, que es casualidad que siempre que triunfa la pille. Así que, ella se encarga de convencer a sus padres de lo que sea menester. Ya somos dos. La del local de abajo insistió en su día en pagarme un tanto por permitirle poner el cartel de “Floristería Loli” en mi balcón y, por supuesto, yo no acepté. Y son tres. Con el del tercero me basta hacerme la encontradiza y felicitarlo por la mujer tan encantadora que tiene. O le pregunto, como por curiosidad, por los años que lleva casado con ella, para tenerlo controlado. A él y a la del cuarto, que es con la que tiene el asunto. Por tanto, somos cinco los que siempre estamos de acuerdo. Aun así, intento asegurarme, para ir sobrada, a mi amiga Lourdes que vive en el quinto que, como lleva una vida sin mácula y no debe nada, tendré que detallarle, para convencerla, una por una, todas las ventajas de adecentar la fachada.
 
Este es el segundo micro enviado  al concurso de La Esfera Cultural, y que fue seleccionado para aparecer publicado en Historias de Portería, el libro que hoy he de ir a buscar a correos, y del que he pegado su portada ahí arriba.


lunes, 10 de septiembre de 2012

CLAROSCUROS


En mi bloque se va la luz cada poco. Casi siempre de noche. Cuando ocurre salimos a la escalera, sorprendidos de nuevo, a quejarnos entre nosotros. Hablamos unos con otros, lamentándonos y criticando a la compañía que nos deja en tinieblas. Comentando sobre la incidencia parece que la espera se hace más llevadera. Siempre acabamos derivando en el resto de lo de vivir. Eso sí, conversamos a oscuras. Como mucho, tanteas con las manos a ver si tienes delante a Doña Lola o a Luisín. De esta forma, en realidad no sabes con quién discutes, y todos respondemos a todos según nos van interesando las diversas conversaciones. Y nunca aciertas a saber si te contestará el del cuarto o el de enfrente. Creándose así una cantidad de hilos dialogales que van y vienen del sexto al bajo que, si fueran reflectantes, harían que se viera perfectamente una maraña luminosa a la altura del tercero.
Antes permanecíamos allí hasta que volvía la claridad. Pero desde hace un tiempo, no. Ahora, antes de su restablecimiento, cada uno, como si tuviera mucha prisa, acaba metiéndose pronto en su piso. O en el que cree, a oscuras, que es su piso. Luego, cuando retorna, si te pilla en casa extraña, pides disculpas, como todos, y te vas discretamente a continuar con la vida alumbrada que te ha tocado. Los fallos eléctricos vienen sucediéndose últimamente con más frecuencia de lo habitual. Y duran más. Continuamos culpando a la hidroeléctrica por costumbre cuando salimos, pero ahora son más cortas las tertulias. Lo fundamental, eso sí, es no hablar, jamás, de dónde sorprendió a cada cual la llegada de luz las veces anteriores y, mucho menos, de lo que ocurrió en su ausencia.
 
Este es uno de los dos micros que envié al concurso Historia de Portería, de La Esfera Cultural. Ambos fueron seleccionados para aparecer en la edición en papel que pronto será publicada. Pinchando en el enlace te llevará a conocer a los demás seleccionados, finalistas y al relato ganador. Allí podrás escucharlo también narrado por La Voz Melodiosa, una delicia.

sábado, 16 de junio de 2012

MIENTRAS DORMIMOS


Portada del libro
La primera vez me desperté cuando estaba a medio acabar. Y no pude asegurar que fuera cierto, que no hubiera sido un sueño. Quedó ahí y lo olvidé. Noches más tarde, sin vacilación, lo noté  por la fosa izquierda, pero ya en retirada. Me hice el dormido. Y cuando amaneció, seguía despierto pesando en ello. Por la mañana la encontré canturreando mientras preparaba la cafetera. La observé. Me sonrió dándome un beso, y siguió cantando. A partir de ese día me sorprendí  a menudo ojeando impaciente el reloj, deseando que llegara la hora de ir a la cama. Allí nos damos las buenas noches y, aún no me he dormido, cuando comienzo a sentir dilatarse mis aletas. Ahora ya es por las dos fosas al mismo tiempo. No puedo describirlo, llegado un momento, cuando ya me siento totalmente inundado, pierdo la noción de este mundo.
Una semana atrás decidí hablar con ella. Durante todo el día estuve merodeándola, buscando su mirada. Al anochecer, viendo la tele, estando a punto de verbalizarlo, me pidió que esperara al final de la película. Pero, tan agotada iba, que se durmió antes de que llegara el fin. Cuando empezó a respirar profundamente, sin darme cuenta, me vi observando los agujeritos de su nariz. De cerca. Cada vez más de cerca.
Han pasado dos meses de aquella primera vez. Con ella ya no quiero hablar de esto. Hemos llegado al acuerdo, sin pactarlo, de que cada noche seamos uno el que primero se duerma.

Este es el otro micro que envié a La Esfera Cultural, que también fue seleccionado para aparecer en  el libro que publicaron. Pinchando en el libro, que no en el libro, puedes leer al ganador, finalistas y demás seleccionados.


sábado, 19 de mayo de 2012

La tía Aurora

La tía Aurora perdió el olfato en la guerra, siendo una niña. Pero toda su vida fingió que olía. En su lecho de muerte nos reunió a todos en torno a ella y lo confesó. Con mucho esfuerzo, y ya sin pudor, explicó que jamás olió el pan de la abuela recién hecho. Ni los claveles que le traía doña Matilde los viernes del mercado. Que ni tan siquiera los días de boda, ni en los entierros, ni en los mantos a la Virgen, la embargó el olor de las flores. Que las comidas las sazonaba por el color. Que por eso con los pedos silenciosos del chacho Manuel, ella se reía más tarde que nadie. Jamás supo del olor del mar. Olvidó cómo olía la tierra mojada, la leña ardiendo, los besos, la canela, la dama de noche y las manzanas. Cada uno de nosotros se ausentó hacia dentro por unos instantes, buscando algún momento de su vida en el que tía Aurora había hecho con su nariz como si nada. Todos teníamos alguno. Al regresar junto a su cama, volvías convencido de que la vida no es preciso oliscarla, sólo echarle narices. Entonces tía Aurora, cerrando los ojos, aspiró como si oliera y, con una sonrisa de Gioconda, murió.

Este es uno de los dos micros que envié a La Esfera Cultural, y que seleccionaron. Además esta semana ha sido ya publicado en papel. Pinchando aquí mismo, te lleva a ver la portada del libro y los demás seleccionandos, finalistas y ganador, entre estos, grandes amigos de esta casa y de este casero.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Espíritu navideño

Mi madre está poseída por un espíritu, el de la Navidad. Yo sé que no está loca, es el espíritu que se le ha metido dentro. Él la obliga a hacer cosas que son de diciembre.
En esta casa vivimos una navidad perpetua, gritó mi padre. Perpetua quiere decir para siempre. Y no exageraba. Él se ha ido. Y también es perpetuo. Tenemos un árbol con adornos, que vamos podando para que quepa en el salón. Cantamos villancicos antiguos y cada día comemos turrón y mantecados. Antes mamá se empeñaba en que fuera con mis hermanos a pedir el aguinaldo, pero la gente ya se reía al llegar la primavera. Ahora ya no lo hacemos. Estamos en navidad siempre, pero con la puerta cerrada, nadie lo sabe. O casi nadie, porque hay días que vamos con ella y desea felices fiestas a todo el mundo. Aunque estemos en la playa. Y la gente nos mira. Mi madre no se da cuenta porque está poseída. Por lo visto, si estás poseída no te das cuenta si te miran mucho y hablan bajito de ti. La asistenta social la quiere llevar a una curandera para que le saque el espíritu de dentro, pero a mí me da mucha penita que la dejen sin ilusión. Y a nosotros, sin sus villancicos. Si lo pienso, me da por llorar. No sé, a lo mejor es que el espíritu ya me ha poseído a mí también.

Con este relatillo he participado en La otra Navidad, un concurso de La Esfera Cultural (www.programalaesfera.blogspot.com), a la que os invito a acercaros para disfrutar de todos los que han participado.