En ocasiones huelo a
sangre cuando suspiro. Y aún siento la metralla en la carne, sobre todo los
días húmedos. Muchas veces veo sin
quererlo sobre el asfalto los muertos ocultados tras los olivos, los tirados entre
las matas de algodón. O me viene a la boca un regusto a bilis, herrumbre y
lágrima, que es el mismo sabor del hambre sin horizonte. Algunas noches, si no
me duermo, con los ojos cerrados en el
silencio puedo oír los pasos que acechan subiendo por la escalera, aunque ahora
vivo en una planta baja. Lo sé, es la memoria de los sentidos, la que no sabe
de leyes, que viene a rescatarme cuando me falla la mía o me traiciona la de
los demás.
Relato con el que participo en Vendaval de Microrrelatos 2013. Ha sido mi segundo año. En esta ocasión los organizadores han sido Pablo Garcinuño, Anita Dinamita, Fernando Vicente y Acuática. Pinchando en el enlace, se explica perfectamente en qué consiste este Vendaval literario que ha traído y llevado historias que perdurarán ya de por vida.

