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sábado, 21 de abril de 2012

La ley del saxo

Foto propia
Tocaba siempre en una finca abandonada, salvada de alguna expropiación. Hasta ella se accedía con invitación exclusiva y  un plano del camino. Era abogado y saxofonista. Con las leyes defendía a violadores, asesinos y pederastas; con el saxofón, a los grandes del jazz. Lo del derecho le costó siete años de carrera; lo del instrumento lo consideraba una dación de la naturaleza, un regalo de Dios. Tocando, decía, encontraba los motivos, la razón precisa para defender con ahínco lo indefendible y no abandonar. Comprendí a qué se refería cuando de pronto, como si alguien hubiera apretado un botón, la sala adquirió apariencia de sueño. La música fue volviéndose sublime y las luces dieron relevancia a un fondo que antes no había visto. Entonces, pude descubrir amordazado, sujeto por argollas, con ojos llenos de terror, al último maltratador que él mismo había defendido y que la justicia había dado por prófugo.

Relato seleccionado en el Concurso de Abogados de marzo. Las palabras a incluir eran:
Saxofón, Razón, Dación, Botón, Expropiación.

domingo, 1 de abril de 2012

SIN NORTE

Foto propia
Me acuerdo que a mamá empezaron a darle también vértigos porque se pasaba el día en el sofá. Y porque entonces mi padre la insultaba más seguido. A mi madre la quise siempre, a papá nunca sabía si quererlo o no. Y es que es muy bruto, pero sin darse cuenta. En el mismo juicio pegó un salto y le partió la cara al juez, gritando que a él no le importaba que fuera jurídico, o juicioso. No me acuerdo. Y todo porque me llamó vástago y él se confundió con bastardo, que se ve que es peor. Ahora está en la cárcel.
Yo aquí no estoy mal. Me paso el rato que quiero en el patio mirando los carámbanos hacerse agua. O con la brújula que me regaló Sor Águeda, entretenido buscando el norte. Mientras espero que mamá vuelva de la clínica que quita lo del mareo.

Mi propuesta del mes de febrero en el concurso de abogados. Las palabras fueron: Vértigo, Brújula, Vástago, Carámbano, Jurídico.

sábado, 4 de febrero de 2012

LA OKUPA

Foto casera
En una conferencia que yo daba sobre la ocupación, ella ocupó por completo mis ojos. Iba con un pato, al que salvó de una oca asesina, y un punki sin techo al que ya no quería. Su doctrina era: ama o déjate amar. Y pasaba de un estado a otro sin derramar una lágrima. Al acabar el acto se vino con su mascota a casa, el piso que por entonces, en una demostración de coherencia, había dejado de pagar. El animal se comió mi agenda telefónica, ella se duchó y empezamos a vivir juntos los tres. Tras el desahucio no volví a verla. Yo me quedé con el pato; y ella, con el abogado que me defendió sin demasiado entusiasmo.

De entre los escombros resurjo un rato. Ésta fue mi propuesta de diciembre en el Concurso de Abogados. Las palabras obligadas fueron: Conferencia, lágrima, desahucio, pato y doctrina. Aunque no siempre comente os voy leyendo, a los que escribís, claro.

domingo, 15 de enero de 2012

SENTENCIADA

Foto propia
Esa será tu sentencia, me dijiste, y lo está siendo. Las huellas las estoy perdiendo de borrar con saliva las cosas que encuentro escritas en el buzón. Ya ni el ascensor me responde porque es táctil y es como si yo no estuviera, como si no existiera. Lo estás consiguiendo. Casi no soy nadie, nada. A veces pienso en una explotación minera a la que le van sacando todo lo que tiene de buena, hasta dejarla vacía. Y me siento como ella. Vacía. No comprendo por qué sigues cavando y cavando. Nada queda del profesor que un día conocí. Ya no sé a donde ir, porque es como si lo llevara escrito en un cartel. Y tan sólo he dejado de quererte. Nunca se me ocurrió pensar que pudiera estar al otro lado, cuando la gente me envidiaba por estar casada con un juez tan influyente.
Mi propuesta para el Concurso de Abogados del mes de noviembre fue ésta. En negrita, las cinco palabras obligatorias. Las obras, bien, gracias.

martes, 18 de octubre de 2011

FEBRIL

Eso no pertenece a mi jurisdicción, le oí decir a través de la pared. Yo continuaba acostado por un catarro perruno. No quería salir, no necesitaba comer. Él, que era abogado, trabajaba en casa y su despacho estaba junto a mi cama. Está bien, haré lo que pueda, dijo, espero que el fiscal no sea muy impertinente. Yo era incapaz de comprender todo lo que decía. La fiebre seguía subiéndome sin parar. Me notaba arder como si me hubiera tumbado al sol tres días seguidos. Colgó. Se asomó al cuarto y encendió la bombilla. No habrá premio si no te levantas, me dijo. Para entonces me sentía como si me estuvieran haciendo una reforma por dentro. No podía moverme. Abrí los parpados. Para mí era imposible hablar. Así que, lo único que pude hacer, con mucho esfuerzo, fue soltar un débil guau, que casi no se entendió.

Un relato mío ha vuelto a ser seleccionado en el Concurso de Abogados, el del mes de septiembre, este. En negrita, las palabras obligadas.

lunes, 3 de octubre de 2011

Ave Feli

En la boda, la tía Feli estuvo llorando hasta que volvió del lavabo. De allí traía un brillo en la mirada, como de orgullo contenido, y una manchita roja en la pechera. Detrás llegaron los gritos, el escándalo y finalmente, la detención. Al novio, el colombiano al que meses atrás conoció la tía Feli aprendiendo a bailar la cumbia y que, para sorpresa de ella, acababa de casarse con esa sobrina a la que nunca veía, al pobre, se lo llevaron en el coche del padrino, junto con el pene conservado entre cubitos para el gintonic. La policía tuvo que pedir refuerzos para llevarse a la tía Feli: no sabían por donde coger ese revuelo de uñas, raso, escupitajos y palabrotas. Al día siguiente, le asignaron un abogado de oficio que, desde entonces, se le aparece en sueños vestido sólo con un birrete y dando golpes de martillo.

La primera vez que participé en el Concurso de Relatos sobre Abogados fue el julio pasado con este relato. No fue finalista. En negrita las palabras obligatorias del mes.

viernes, 30 de septiembre de 2011

TRANSFORMACIONES

Desde el principio peiné sus pelucas, ordenaba su maquillaje, cosía lentejuelas; ya sabe, todo eso que hace la esposa de un transformista. Ya en la boda le hice un juramento: siempre estaré junto a ti; él, me cantó una de Betty Misiego. Estuvo graciosísimo ese día. Llegó a ponerse mi traje de novia y, ante los invitados, hizo el número donde Gilda se quita los guantes. Qué risa. Luego se transformó. Y fue la primera vez. Al día siguiente, de resaca, me pidió perdón. Yo sé que no era culpa suya. Quizá debí pedir socorro, abandonarlo, mientras pude. Pero mantuve mi promesa, su señoría, y me quedé a su lado, callando, como alma en pena. Me fui apagando, diluyendo, volviéndome umbría sin más. No miento, señor juez. Sé que cuesta de entender, pero no hay muertos ni desaparecidos en esta historia. Simplemente, ahora él soy yo, y ella, ahí la ve, mi sombra.

Relato finalista del mes de agosto en el III Concurso de Relatos sobre Abogados. En negrita, las palabras obligatorias del mes.