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domingo, 16 de febrero de 2014

Esencia de Ajo

Foto casera

La primera vez que nos cruzamos en la escalera me resultó familiar. Ahora sé que fue su olor. Pero cuando tuve la sospecha de que algo ocurría a mí alrededor fue el día que al llegar a casa a las siete, como siempre, encontré la radio puesta y en una emisora que jamás escucho. Ese fue su primer fallo y mi primer indicio. El siguiente fue al echar mano de unas croquetas que estaba seguro me habían sobrado la noche anterior y encontrarme el plato vacío.
Si ahora intentara hacer una recapitulación o un inventario de sensaciones del último año en él debería incluir cosas como lo poco que me duraba el perfume, el desodorante, el azúcar, el champú. Sin olvidar lo que se había incrementado la factura del teléfono, de la luz, del gas. ¡Ay, el gas!, cómo no me di cuenta de que al llegar en pleno invierno el piso continuaba tan cálido. Y luego esa presencia en la escalera que nunca llegué a ubicar en ningún piso. ¡Imbécil de mí! En el hospital a una compañera le dije: creo que me estoy volviendo loco, las cosas me cambian de sitio continuamente en casa. O eso, o tengo espíritus. No seas tonto, me dijo, los espíritus no usan champú.
Pocos días después me lo encontré en el tercero, y fue de nuevo su olor lo que me llamó la atención: olía exactamente igual que la colonia que me habían regalado dos días antes. Llegué a casa, miré todo con detenimiento, y de pronto comencé a verlo todo como una luz. ¡Aquel señor estaba viviendo en mi casa! Estaba ocupando mi espacio, mis cosas. Estaba haciendo uso de mi vida cuándo yo no estaba. Conocía mis entradas y salidas, mis horarios, mis costumbres. Todo.
Vacié el bote de colonia en el lavabo. Licué tres ajos, los mezclé con alcohol y rellené el bote con ello. Al día siguiente, cuándo me lo crucé en el segundo nos miramos a los ojos por primera vez un instante. Ninguno dijo nada, pero desde entonces no he vuelto a verlo.

Relato finalista en el Concurs de Literatura Ràpida. Microcontes 2009, del Ajuntament de Sabadell. El concurso donde tienes 90 minutos para desarrollar un tema in situ. Aún faltarían dos más años para conseguir finalmente el primer premio con Puentes. Después, dejé de participar.

domingo, 27 de octubre de 2013

La de los números rojos y otras crisis

Foto casera
Ayer Paulino se fue al cielo. Yo no lo vi irse, pero me lo ha dicho mi madre. Paulino es un ratón que no come queso, ni es gris ni tiene rabo. Pero mi tía si se lo encontrara suelto por la casa, chillaría lo mismo que si tuviera rabo.
Mi madre dice que ha sido de viejo como el abuelo; porque cuando se es viejo uno se va al cielo. Pero el hijo de la Celia del pueblo se fue el verano pasado y era un niño.
Yo creo que se ha ido de crisis, que según mi padre está acabando con todo, pero no me lo quieren decir porque soy pequeño. Aunque yo sé que lo peor de la crisis son los números rojos que vienen luego. Bueno, no sé que es peor. A mi madre, con lo del abuelo, le entró una crisis que le quitó las ganas de ir a la peluquería, y hasta de levantarse decía. A mí tampoco me gusta levantarme, pero creo que es por el colegio, porque los sábados y los domingos no me pasa. Pero como decía, el otro día le dijo a mi tía que no podía ir a la pelu, y que era por los números rojos. Así que no sé.
Esta mañana mi madre tenía los ojos que se le ponen cuándo ha discutido con mi padre. Pero anoche no los oí. Sólo sé que he dormido otra vez en la cama de ellos, que me chifla, y mi padre en la mía.
Luego mi madre me ha dicho que para mi cumple, que es el mes que viene, no lo vamos a celebrar en el “Happy Baby” con los de mi clase; que mejor en casa y sólo con mis primos. Mejor para ella, para los de mi clase no creo. Entonces ha vuelto a salir lo de los números rojos; y que yo tenía que entenderlo, que ya era mayor. Yo no sabía muy bien de qué hablaba. Al final me ha soltado que cuándo sea grande ya entenderé lo de los números rojos. O sea, como siempre. Y de mientras que me zurzan. Al rato como me ha visto un poco triste por esto y por lo de Paulino y todo, me ha dicho que no piense más en ello. Pero cuándo no me veía he seguido pensando.
Luego ha hablado otra vez por teléfono con mi tía, que es su hermana. Ha vuelto a decir algo de números rojos, después, de mi padre. Ha llorado un poco más al final. “Esta es la peor crisis de todas”, ha dicho. Pero no sé si se refería a la del abuelo, la de mi padre, la del Paulino, o la de los números rojos.

El el 2008 volví a quedar finalista en el Concurs de Literatura Ràpida. Microcontes 2008del Ajuntament de Sabadell. Como siempre, tenías noventa minutos para escribir sobre un tema que ellos te daban. En esa ocasión el tema fue la crisis (a la que ya se veía venir a los lejos), y el subtema, Los Números Rojos. En total, esto ya lo he contado antes, fueron seis años consecutivos participando y siendo finalista, hasta el año 2011, en el que gané el primer premio con Puentes.

domingo, 25 de agosto de 2013

Su recuerdo, mi olvido

Desde que tengo memoria no he hecho otra cosa que racionarla. Por ejemplo, cuando, de pequeño, mi madre me enviaba a comprar varias cosas, sólo retenía la mitad, para la otra mitad iba otro día. Al fin y al cabo, hay más días que memoria, pensaba. En la escuela también guardé la mitad de los ríos, de las comarcas, de todo. Así sólo recuerdo la mitad de mi vida, bueno la mitad y un olvido.
Lo cierto es que nunca me fue mal con esta costumbre hasta el día que comprendí que había olvidado decirle lo mucho que la quería, que ya era tarde para disfrutar de ella, para mirarla moverse por casa, para verme en sus ojos cuando me hablaba, sentirla cerca, oler y respirar esa esencia que sólo poseen las madres. Un día te acuestas, o te levantas, y ya no está su olor. Lo que tú creías inamovible, porque jamás a ella la relacionaste con la duración de la vida, ya no está, y sólo te queda su recuerdo; su recuerdo y tu olvido. El único del que me arrepiento. Del resto no, todo lo demás que fui dejando en la cuneta, me ha dejado espacio suficiente para seguir recordando, ahora hasta derrochar, este olvido, el más doloroso de mi vida.

Después de un agosto seco, pero dicharachero, vuelvo con este relato que quedó finalista la primera vez que me presenté al Concurs de Literatura Ràpida. Microcontes del Ajuntament de Sabadell, en el 2006. Tenías noventa minutos para escribir sobre un tema que ellos te daban. En total fueron seis años consecutivos participando y siendo finalista, hasta el año 2011, en el que gané el primer premio con Puentes, publicado ya en su día. Luego, dejé de hacerlo.

miércoles, 4 de enero de 2012

PUENTES


Al nacer, uno no sabe bien lo que hace. Así, puede nacer aquí, allí o en medio. Anyub y Lucía llegaron de dos profundidades distintas. Una venía de Extremadura; la otra, de Anatolia Central. A una le sorprendió el azul de sus puertas; a la otra, el calor sofocante de Estambul.
La primera vez que estuvieron cerca fue en el Gran Bazar. Casi se rozaron al coger unos vasos de té, pero no se vieron. A Lucía le sorprendió que hubiera tantas cosas que se pudieran comprar; a Anyub, tantas que se pudieran vender.
Esa tarde, al cruzarse en el puente que une o separa Asia de Europa, se miraron. Fue un instante, o menos. Pero por la noche ambas se durmieron convencidas de que aquellos ojos, que coincidieron perfectamente con los suyos, ya los habían visto en otra parte. Al levantarse comprendieron que era la misma mirada que encontraban, cada mañana, en su espejo.
Ya han colgado en su web http://www.sabadell.cat/PremisLiteraris/p/Microcontes_cat.asp el relato con el que gané el primer premio en el Concurs de Literatura Ràpida. Microcontes 2011 del AJUNTAMENT de SABADELL. Como ya anuncié en noviembre aquí: http://eternidadesypegos.blogspot.com/2011/11/ahora-si-que-si.html yo hasta ahora no he tenido acceso a él, pues el manuscrito se lo quedaron ellos. Me hace ilusión que esta sea mi primera entrada del año, mira tú, qué pego.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Ahora si que sí


Acabo de llegar de participar en el X Concurs de literatura ràpida, del AJUNTAMENT DE SABADELL. Es el sexto año consecutivo que me presento. En los cuatro primeros quedé finalista. Y en éste:
¡¡¡HE GANADO!!!

Lo juro. Ha sido..., ha sido..., yo estaba allí... claro, había ido... y estando... Como otras veces yo... Espera... El de al lado mío dice... no, el de al lado no... van diciendo los nombres, ¿no?... y entonces... cuando dicen... aplaudían... y yo...
He dejado pasar unas horas porque no me aclaraba de la emoción.
Empiezo de nuevo: He ido al concurso. El tema general era "Lo viajes interculturales", y éste lo sabíamos de antemano. Al llegar, por sorteo sale ya el concreto y definitivo, que ha sido "Explorar personas". Ya. Sí. Pues así ha sido: viajes, explora personas. Y entonces tienes 90 minutos para pensar, escribir, tachar, y pasar a limpio para que se entienda, lo que te dé de sí la cosa. Y así ha sido. Después de unas horas de deliberación, y una vez conocido el fallo del jurado, he tenido que releer mi relato en voz alta (se hace lo mismo que en Eurovisión. Y yo ahí, encontrándome al borde de la lipotimia total de mi persona, me he tenido que sentar un rato, para no hacer más el ridículo del permitido). Al releer PUENTES, que así se titula, digo, he expresado mi intención de no presentarme el próximo año. Y he oído suspiros de alivio (y hasta un intento de aplauso, me ha parecido). Ya lo dije la última vez que fui finalista, que cuando quedara primero, dejaba de presentarme al certamen, y así será.
En cuanto cuelguen el relato en su web, lo copio yo aquí. Ahora mismo no lo tengo. La única copia se la quedan ellos. Ya está. Ahora si que creo que lo he dicho todo. Y en un orden lógico.
Gracias por permitirme compartir esta alegría con todos/as vosotras/os.