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sábado, 16 de enero de 2021

Todo lo raro

Imagen de la red, tuneada

El día de Nochebuena llegó Papá Noel arrastrando los pies. No se esperó a que nos fuéramos a la cama. Ni siquiera entró por la ventana. Ni por la chimenea. No tenemos. Cuando llamó al timbre eran las siete y media de la tarde. Abrí yo y, al verlo, supe enseguida que no era ninguno de mis tíos. Su barba no era de mentira. Ni su pelo, ni sus arrugas. Ni olía como ellos. Me tocó la cabeza y sonrió, pero sin ganas ni alegría. La Tía Mercedes se quedó muda. Había llegado esa mañana. A pasar con nosotros estos días felices de dolor, había dicho. Tía Mercedes se había quedado completamente sola dos veces seguidas. La primera por mi tío, la segunda por mi abuela. Fue al principio de todo lo raro.
Cuando Papá Noel la vio, se fue hacia ella despacio. Como a cámara lenta. O como si la Navidad fuera a durar todo el año. A mi tía, inmóvil, empezó a temblarle la barbilla. Se quedaron frente a frente unos segundos larguísimos y, entonces, como si se tiraran por un balcón, se abrazaron mientras berreaban como bebés. Mi hermano, que está ya en segundo de ESO, dijo muy bajito: fuera los renos también están bramando.

Relato presentado a Zenda con #unaNavidaddiferente

sábado, 3 de octubre de 2020

Verde oliva, negro aceituna


Sebastián tiene un ojo de cada color. El izquierdo es verde oliva, como una oliva verde, lo mismo que los de su madre, su abuela, su bisabuela, tatarabuela y demás antepasadas maternas. El derecho es negro aceituna, como una aceituna negra, idéntico a los de su padre, su abuelo y etcétera.
Eso hace que sus perfiles parezcan de dos personas distintas. Tanto, que tiene amigos de un lado y amigos del otro. Así, cuando quiere jugar con unos, sale mirando al oeste, y cuando con otros, se encamina hacia el este. Hasta su madre cree tener dos hijos. Nadie se atreve a decirle que es el mismo. Y como eso supone doble merienda, doble helado y doble de todo, pues él tampoco se lo cuenta.
Un día descubrió que, al guiñarlos, ciertas cosas verdinegras desparecían de su vista. Así, si cerraba el verde oliva, desaparecían los prados, los guisantes, lo militares… Si lo hacía con el negro aceituna, dejaba de ver golondrinas, sotanas, escarabajos. Se pasaba horas guiñando y haciendo invisible su entorno. 
Todo cambió al pasar el tiempo. Una tarde, sentado en su puerta, entornando uno y otro ojo, nada se iba de su vista. Después de mucho intentarlo, comprendió que ya era mayor, que ya no podía ocultar nada. Entonces, se levantó y entró a buscar a su madre. La miró de frente y le dijo: mamá, solo yo soy tus dos hijos. La madre lo observó sorprendida y, abrazándolo fuerte, le susurraba: ay, mi niño, pero cuánto has crecido.

Gracias a la invitación de Manolo Ortiz Soto, este micro aparece en esta antología de minificción para niños, PEQUEFICCIONES, publicada por Parafernalia Ediciones Digitales. En ella intervienen 103 autores de Latinoamérica y España. 
Mil gracias a él y también a Chris Morales, compiladora junto al mismo Soto. Y a Alberto Sánchez Argüello, por el proyecto. 

sábado, 11 de julio de 2020

EL ESCONDITE



A mi hermana la perdimos esta mañana dentro de un paraguas negro. Era del abuelo, del que se murió de pronto y sin ganas. Siempre está en el paragüero de la entrada. Mi madre no quiere deshacerse de él; para no olvidarlo, dice, o por si llueve.
Rosina lo cogió para jugar y mamá le chilló que ni se le ocurriera abrirlo dentro de casa, que traía mala suerte. Pero ella, que ya lo había abierto, con el grito se puso tan nerviosa que lo cerró estando debajo y la tapó entera. Viendo que no salía, lo desplegaron y Rosina ya no estaba. Mi madre se ha llevado una irritación de las suyas y tuvieron que darle Agua del Carmen. Hay que ir a buscarla, dijo alguien. Y he ido yo, porque si no, me tocaba poner la mesa.
Llevo rato aquí y aún no la he visto. Esto está lleno de niños perdidos o fugados, jugando al escondite. Me he sentado a esperar a que la encuentren o a que salga ella para salvarse. Entonces, me acercaré y le diré que tenemos que irnos, que mamá casi se desmaya y que nos están esperando para comer.

Relato ganador del Concurso de Microrrelatos "Los Niños del Paraguas", convocado para conmemorar el 25º aniversario de la creación de la Empresa Municipal Aguas de Cádiz, S.A. 
Clica AQUÍ para conocer a los finalistas, entre los que se encuentra Patricia Collazo, presente en muchos concursos, y al resto de clasificados en las demás categorías.   

sábado, 7 de marzo de 2020

DESCANSO

Imagen de El País

Su madre le coge la cara entre sus manos para que solo la mire a ella y no vea nada más. Otras veces le tapa los oídos mientras canta. Pero las explosiones no le dejan oír la canción. Si corren juntos, es un juego. Lo mismo que si se esconden o guardan silencio mucho rato. Antes jugaba fuera. Ahora no. Casi no hay niños en ningún sitio y, según él, las callen están rotas. Cuando pregunta por alguien, ella le contesta que se ha ido de vacaciones. Pero él ha visto cómo algunos se van y a otros se los llevan. Aunque hay muchos a los que no ha visto irse. Ni quedarse. No los ha visto más.
Por las noches, tumbada junto a él, su mamá le cuenta historias que se inventa y otras que no. Al final, cierra los ojos para que ella crea que se ha dormido. Así puede descansar de hacer que no se asuste. Quitar el miedo debe ser lo que más cansa de este mundo. Entonces, está tan agotada, que siente que está igual de rota como su calle, y la oye llorar como hacen todas las madres.

Relato participante en la propuesta de ZENDA para el 8 de marzo, #Heroínas

sábado, 16 de marzo de 2019

Gigante interior

Imagen tuneada de la red
Un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente en el pecho de Matías. De acero gris rabia y lana trémula deshilachada. Aún caminó unos metros más sin llegar a girarse. En la sien, sístole de coraje, diástole de temor. Pero alguien tiró con tanta fuerza de la mochila que llevaba a la espalda, que hizo que perdiese el equilibrio y cayera al suelo. Desde abajo miró uno a uno a los que jaleaban y reían. Entonces, lenta, muy lentamente fue levantándose. Cuando estuvo de pie, el niño medía más de tres metros. Mucho más. O así lo recordaron de por vida aquellos que recibieron su merecido.

Segundo intento en esta temporada de Relatos En Cadena. En esta ocasión no pasé a la final mensual. Seguimos, que será a la tercera. 

sábado, 26 de enero de 2019

Puntadas sin hilo

Imagen tuneada

Habría cogido alguna vez un hilván de pespuntes perfectos, sí le hubieran dejado. Se embelesaba observando cómo daban puntadas en la tela. Le serpenteaba la lengua entre los labios intentado conducir las agujas de sus manos. Venga, vete un rato a darle patadas a un balón, soltaba cualquiera de las vecinas. Entonces bajaba la cabeza y era ella la que contestaba: no, es que no se encuentra hoy muy bien para irse a correr. Y sabía que eso era todo lo que su madre podía hacer por él. Eso y dejar el costurero a su alcance cuando se ausentaba de casa.

Después de unos años sin aparecer por el certamen, he ganado la final semanal de Relatos en Cadena, de la SER (compitiendo, que eso fue lo peor, con el amigo Manuel Montesinos). Ganar ha sido un subidón impresionante y estoy más feliz que yo qué sé. Y ahora, este lunes que viene, estaré concursando en la final mensual (y aquí, ay, compitiendo con Patricia F. Collazo, otra compañera), con la esperanza de pasarla e irme a la gran final en Madrid (si cruzo más los dedos, me voy al circo a vivir de ello).
AQUÍ puedes leer los 3 de la final de enero y, si te apetece, de paso, votar.

sábado, 10 de febrero de 2018

PASE MISÍ

Tuneo de una imagen de la red
El “Pase misí, pase misá” nos arrebató a Cayetana. Ni siquiera dio tiempo a que escogiera entre el sol o la luna. Al meter la cabeza  bajo las manos enlazadas de Purita y Jimena no volvió a sacarla por el otro lado. Fue como si se hubiera colado a través de una cortina invisible por la que desapareció, dejando tras de sí solo un olor de manzanas a oscuras. Las dos se quedaron balanceando los brazos ya sin sentido. Mirándose, mirándonos, mirándose otra vez, mirando hacia donde ya no estaba Cayetana. Ninguna entendíamos lo ocurrido ni supimos explicar nada más que esto a la directora, que aparentemente tampoco le dio mayor importancia y dijo que esas cosas pasan. Estuvimos días hablando de ello al acostarnos. Todas reconocíamos que llevaba tiempo muy rara, siempre pendiente de los haces de luz que entraban por los ventanales. Coincidíamos en eso y en que, conociéndola, ella habría elegido la luna. Estábamos seguras.

Último relato con el que participé en Esta Noche Te Cuento. El tema era: Seres mágicos. Primero resultó MENCIONADO por el jurado y más tarde recibió un accésit por votación popular. De esta manera pasa a formar parte del libro que se edita anualmente y que este año tiene por título ALETREOS.
Gracias, de nuevo.

sábado, 3 de febrero de 2018

La vida que flota

Imagen casera
Deseaba abrir la alacena donde su madre guardaba las tardes de quererse. Las de la crema de chocolate con galletas María, las de los besos sin esperarlos, las de las canciones antiguas cantadas bajito. Aquellas tardes de dibujos pintados a medias, de cosquillas de colores, de pasteles de arcilla y abrazos no rogados. Pero para abrir la puerta necesitaba la llave. Y si estuviera con las otras, en el fondo del mar, ahora no habría quien fuera a buscarla. La miró. Reposaba como siempre que volvía del hospital. Sonrió. Sonrieron. Lo llamó sin voz y se tumbó a su lado. Entonces presintió que la llave se encontraba mucho más cerca de lo que pensaba. No haría falta bucear hasta lo hondo. Él mismo iría nadando, seguro de que en cuanto la hallase, ella se levantaría de la cama, le crecería el pelo, se pondría guapa con su escote y volvería a ser una mamá entera.

Relato con el que participo en ZENDA. En esta ocasión el tema es: #historiasdesuperación

sábado, 15 de julio de 2017

La Vida Buceando

Imagen del certamen
Las tardes más calurosas del verano las pasábamos en el río jugando a submarinos. O  buscando renacuajos y piedras de tres colores. Mientras, ellos se querían de la mano sobre una manta y de vez en cuando vigilaban que los dos sacáramos la cabeza. Es curioso que recuerde aquellos momentos como fotos en blanco y negro. Desde el día que la saqué yo y mi hermano no, la vida es otra. Ahora en casa es como si buceáramos todos. En agua marrón. Sin ruido. Todo el tiempo. Silenciosos. A veces, cuando hablo, ellos me miran como si estuviera muy lejos. O como si prefiriesen que yo tampoco buscara salir a respirar.

Relato finalista, en castellano, en el último mes del concurso de La Micro. Compartí podio, entre otros, con amigos como Ángel Saiz y Asún Gárate.  La ganadora ese mes de mayo fue Esther Cuesta. Pincha AQUÍ y te llevará hasta sus micros.
En catalán el ganador fue Celestí Casòliva.

sábado, 25 de febrero de 2017

LA VENDA

Fotografía de Alessandra Sanguinetti
Nos mandaba al patio de atrás porque desde allí no se oía nada; solo a las gallinas, que viven como si fuera a ser para siempre. Y era mejor salir que pensar. A menudo jugábamos a las bodas y a ser marido y mujer de los de la tele. Para los casamientos usábamos las flores traídas del cementerio, cuando le poníamos otras a la abuela. Un día Amparito se colocó una venda en los ojos para casarse. Yo me negué, pero dijo que así se había casado mamá, que se lo había oído murmurar llorando, mientras fregaba la lápida la tarde anterior. Entonces, sin apenas pensar, lo entendí todo.

Microrrelato inspirado en la foto, de Alessandra Sanguinetti, que proponía hace unas semanas ANA VIDAL en su Viernes Creativo. Puso como condición, esa vez, que no aparecieran adjetivos en el relato.

domingo, 12 de febrero de 2017

INQUEBRANTABLES

Ilustración de Paloma Hidalgo
Yo vivía el asombro de los seis años cuando vi un hombre negro por primera vez en mi vida. Me quedé muy serio y pensativo. Enseguida di por seguro que nadie le podría dar jamás un beso en la mejilla. Si lo hacían, se le cuartearía lo oscuro como si apretaras con el dedo un donut de chocolate. Era una imagen clara dentro de mi cabeza. Cavilaba sobre ello, cuando me sonrió de pronto, y estuve tentado de correr antes de, empezando por las comisuras de los labios, verlo desconcharse entero ante mí. Pero no, con incredulidad fui testigo de cómo la cara le volvía a su estado liso, sin una sola grieta en los mofletes.
Ahora que soy adulto, y el asombro no me ha abandonado del todo, cuando los veo como cazados en la alambrada, en las embarcaciones que arriban llenas de ojos o al encontrármelos buscando futuro en contenedores de basura, de inmediato me centellea aquel instante desde la niñez, aquella perplejidad mía, aquel no resquebrajarse suyo.

Relato con el que participé en Esta Noche Te Cuento en el mes de noviembre y que llegó a ser mencionado. El tema era la migración. Clicando AQUÍ puedes ver el resto de ganadores.

sábado, 21 de enero de 2017

Los Días Extintos

Foto de Gabriel Casas
Cuando hay sol, pasamos el tiempo buscando colillas aún encendidas, nos las metemos por turnos en la boca y jugamos a ver quién aguanta más. Al volver mi padre, cansado de tragar, como dice, se lo contamos atropellados y sonríe orgulloso con esos labios de lumbre que tiene. Pero los días que hay tormenta, no salimos ninguno de casa. Solo miramos por la ventana deseando que no moje demasiado nada. Papá pega la frente al cristal y parece como si llorara por fuera. Es entonces cuando murmura aquello de que la lluvia es lo peor del mundo para los tragafuegos.

Y este es el segundo de los dos relatos con los que participé y que recibieron mención del jurado en el IV Certamen de microrrelato Realidad Ilusoria, organizado por Miguel Ángel Page.

martes, 3 de enero de 2017

De Medidas Y Desmedidas

Foto casera
Tiempo atrás mi casa era como las de los demás. Se reñía lo indispensable, se hacían tarde los deberes y se tenían más ganas que chocolate en la despensa. Nos bañábamos todos el mismo día. Se lloraba lo justo para vivir. Para entretenernos, nos rascábamos la espalda unos a otros porque daba más gusto. Y al llegar la Navidad parecía que teníamos de todo, aunque seguíamos sin tener casi nada. Lo normal. Ni desgraciados ni lo contrario del todo. Pero a partir de aquella tarde que la Rosi llegó con las medias destrozadas, todo se desmidió y se alteraron las medidas. Las riñas, el chocolate, las horas, los baños, los lloros. Ahora la Nochebuena, por mucho que intentemos disimularlo con villancicos que nadie sigue, es una noche tan mala como las demás. Y por supuesto, el acariciarse entre nosotros dejó de ser una forma gratis de ser feliz.

Relato con el que participo en el concurso de #cuentosdeNavidad de ZENDALIBROS.COM 
Si te apetece, aún estás a tiempo de hacerlo tú: el mismo enlace te lleva a la página de inscripción.

sábado, 21 de mayo de 2016

Tan Parecida A Un Ángel

Murmullo risueño, ilustración de Nicoletta. Imagen del certamen.
Fue en aquella ocasión en la que, siendo niños, esperaban en la calle de nuevo a la cigüeña que les traería otro hermano. Aquella vez, la última, en la que luego les contaron que mientras ellos escudriñaban un trozo de cielo entre dos edificios, el pájaro había llegado por otro y entrado por la ventana; que al dejar al bebé, como también es labor de estas aves el rescate de ángeles perdidos, se había llevado a la madre confundiéndola con uno de ellos. Dejando de esta manera a ese hijo recién traído sin teta y a ellos, a partir de entonces, con esa costumbre perpetua, y estéril, de buscarla en la ventana cada amanecer.

Relato finalista del mes de abril en La Microbiblioteca. Lo fue junto a otros de Arantza Portabales, David Moreno, José Luis Chaparro y Ángel Sainz. El ganador en castellano ese mes había sido Raúl del Valle. Sí clicas AQUÍ te lleva a leer los suyos.
Contento de estar por tercer mes en La Micro y contento de hacerlo junto a unos cuantos amigos.

sábado, 16 de enero de 2016

NIÑOS DESIERTO

Foto extraída de la red
En ciertos pueblos africanos los niños son de arena. Y, como no podía ser de otra manera, juegan a izar cometas y a imaginar sonidos de río. Construyen barcos y ambulancias de hojalata, mientras sueñan con buitres que son flamencos. Los niños de las dunas bailan danzas con la epidermis y ríen como si fueran reflejos en una laguna. Y si en medio de la noche se despiertan con un alacrán en la garganta, lo escupen suspirando cuando alguien acude a aliviarlos. Y es que, todo el mundo lo sabe, en África entera los niños desierto siempre tienen madres luna.

Relato que ha obtenido MENCIÓN en el III Certamen de Microrrelato REALIDAD ILUSORIA, que organiza Miguel Ángel Page desde su blog. Este año el Primer, Segundo y Tercer premio han sido para Elisa de Armas, Gabriel Bevilaqua y Rafa Olivares, respectivamente. 
Felicito a los tres de nuevo, al resto de mencionados y a Miguel Ángel, que esta haciendo poco a poco de este concurso una cita navideña cada vez más conocida y reconocida por todos los que escribimos en chiquitito. Clicando AQUÍ te lleva a conocer el resto del Fallo.

sábado, 28 de febrero de 2015

CALLADITAS

La Sebastiana, según MARTUKA
En boca cerrada no entran moscas, repetía la Sebastiana, al tiempo que me daba bajo la barbilla con el reverso de su mano grande, llena de huesos y con olor a lejía. Otras veces lo acompañaba de “cuando los mayores hablan, las niñas se callan”, o cosas parecidas.
La Sebastiana era una vecina cuyos lazos se enredaban con los del parentesco. Respetada por todos. Y con derecho a enviar a comprar a los hijos de otras, a opinar sobre las borracheras de los maridos ajenos, a organizar el día cuando se encalaban las fachadas. A reñir y  mandar callar a los niños con ese revés aséptico incluido, sin que las madres le afearan el gesto.
Esta niña está comiendo demasiado, le va a hacer daño tanta sandía, declaraba. Y mi madre, venga, no comas más, a la calle a jugar. Si en  uno de esos momentos hubieran mantenido la atención sobre mí, habrían visto el aura de odio en la que salía envuelta, porque tanta rabia no podía caberme en un cuerpo tan pequeño y a la fuerza me debía rebosar por todas partes. Pero nunca me miraban mucho rato seguido.
La casa de la Sebastiana estaba a la entrada o la salida del pueblo, según si llegabas o te ibas. Ella vivía sola la mitad de la vida y la otra mitad en mi casa con nosotros. Se acercaba muchas veces a lo largo del día. Hasta once veces le conté una vez. Cuando se lo hice saber con expectación infantil, me contestó, niña, calladita estás más guapa, y me soltó su revés huesudo.
Yo la odiaba por sus sopapos de lejía, y por el poco cariño que siempre me demostró. Sólo en una ocasión creí sentir que quizá podía quererme algo. Una en la que me dio con la mano antes de que acabara de hablar haciendo que me mordiera la lengua y sangrara mucho. Entonces vi a la Sebastiana apresurarse nerviosa para cortarla, y me pareció verle alguna lagrimilla. Aunque de esto no estoy segura, pues pudieron ser las mías. Eso sí, me apretó la cabeza contra su estómago balanceándola y  repitiendo, pobrecita mía, pobrecita mía muy seguido. Y aunque casi no podía respirar por la fuerza que estaba poniendo, me habría quedado allí lo que quedaba de día. Esa tarde la Sebastiana fue muy considerada conmigo y yo me mantuve a su lado disfrutando de ese nuevo matiz en nuestra relación. Pero a la que habían pasados dos horas se le había olvidado el incidente y viendo que me encontraba todo el tiempo pegada a ella y estorbando, soltó un “esta niña que moscona que es”. Y de un manotazo me apartó de su lado. Ahí se acabaron las existencias de cariño que reservaba para mí.
Con el tiempo a la Sebastiana la recuerdo siempre tal y como era, en gris y negro. Menos sus manos y su cara, que tiraban más al rosa. Muchos años después, por las asociaciones curiosas y tontonas que hace la mente, al escuchar una canción de Mecano, donde dice “vestir de rosa y gris” sin darme cuenta me venía a la cabeza la Sebastiana, y sonreía.
A mi madre le reproché en alguna ocasión que la Sebastiana me golpeara y ella no hiciera nada por evitarlo. La última vez que se lo recriminé, estaba yo en ese momento secando a uno de mis hermanos después de haberlo bañado en el barreño y mi madre poniendo el pañal al más pequeño sobre la cama. Ella, sin tan siquiera mirarme contestó: déjame ahora, viste a ese que tendrá frío y vete a por el pan que me duele la cabeza, anda.
En muchas ocasiones sin ningún esfuerzo añadido, sólo con la energía que la rabia me daba, habría empujado a la Sebastiana los trescientos metros que separaba mi casa del barranco del Huérfano, que estaba detrás, para despeñarla por él. Con las manos en jarra la vería cayendo y cortándose con los vidrios, clavándose por las piernas y por la cara hierros oxidados, latas, muelles del colchón, cuchillas Filomátic y cosas que la gente tira en los barrancos. Viendo cómo al final se hincaba en los ojos unos clavos que precisamente le quedarían al alcance de los mismos. Era una visión con la que me vengaba interiormente mientras gatunamente me acariciaba el golpe después de un “en boca cerrada no entran moscas”. Y probablemente algo así ocurrió.
Llevaba dos días sin aparecer por casa. Me había acercado con mis hermanos unas veces y con mi madre otras, pero no estaba en la suya. Todos empezaban a preocuparse. Fue jugando en el fondo del barranco, hasta dónde casi nunca bajábamos, donde la encontré tal y como le había deseado. Pero una cosa es desearlo y otra cosa es quererlo. Cuando la vi, estaba comidita de bichos y aferrada a un colchón. Seguramente, dijeron luego, perdería el equilibrio al intentar lanzarlo. Los ojos sólo cerrados, no perforados, y lo agradecí. Sin charcos de sangre. Si los hubo, toda la porquería del muladar o los insectos los habían absorbido en ese tiempo. Tenía la boca abierta y oscura. Y justo en ese instante vi salir de ella una mosca gorda, verde y ruidosa. “En boca cerrada no entran moscas”, me pareció oír. Pero seguramente sólo lo imaginé, pues no hubo revés ni olor a lejía. Y las dos permanecíamos calladitas.

Relato presentado junto a esta ilustración de MARTUKA, tan llena de detalles, al VI Premio Opticks Plumier de Relato Ilustrado; concurso en el que dicho conjunto ha resultado destacado junto a otras cuatro propuestas. Clica AQUÍ para conocer al ganador y finalista.
Pinchando en el nombre de la ilustradora, te lleva a ver otras preciosidades suyas.

sábado, 10 de enero de 2015

ENTERAMENTE

Foto Casera
Lo cierto es que no sé cómo empezamos. No hubo un plan. Estas cosas no se calculan, suceden. Fue raro, eso sí, porque hasta entonces el miedo siempre nos había quitado el hambre, y en cambio...
Cuando ya no quedó nada, la miré a ella, que bajó la mirada, y a mis hermanos, y a mí mismo. Todos tan asombrados, tan rojos: tan expectantes y rojos. Entonces el pequeño eructó, pero ninguno nos atrevimos aún a sonreír; no aunque papá ya hubiera desaparecido enterito de nuestras vidas.

Relato que ha resultado MENCIONADO en el II Certamen de Microrrelato "Realidad Ilusoria", organizado un año más por Miguel Ángel Page desde su blog. En esta ocasión el ganador ha sido Francesc Barberá, al que felicito de nuevo. Si pinchas AQUÍ, te lleva a conocer el resto del fallo, repleto de amigos. 

sábado, 18 de octubre de 2014

De nuevo en TARÁNTULA

Hace dos semanas, y después de la del año pasado, se inició una nueva etapa en TARÁNTULA, dedicada al microrrelato.


De aquel cuarteto inicial en el que estábamos Ana Fuster, Mercedes Jiménez, Nacho Rubio y yo, continuamos Ana y el que escribe. Además, este se ha convertido en un quinteto. Y es que al proyecto se han unido, Mar Horno, Yolanda Nava, que son dos escritoras de altura; y el quinto no es ni más ni menos que Juanlu, que nos va a acompañar todas las semanas con su estilo inconfundible, juanlustrándonos cada uno de los relatos que  escribamos.
Por tanto, si el año pasado estuve feliz de pertenecer a aquel cuarteto, en el que me sentía como si fuéramos los Abba, los Beatles, los Boney M de la microficción, este nuevo periodo me parece ya un regalo del destino y en él nos veo como si fuéramos... como si fuéramos..., no sé..., Parchís, por ejemplo. Oye, que también tuvieron su época, tú. Y su público.
Así, de esta manera, los jueves serán los días en los que se publique. Y este pasado lo he hecho yo con el micro LA PRESA, con uno de los, para mí, mejores trabajos de Juanlu. Detrás de mí vendrá Mar, después Ana, y de nuevo Yolanda, y así hasta lo infinito. Que, aunque parezca que no, este dura hasta que se acaba.
Este es el enlace a la revista cultural, a la que merece la pena, además, echar un vistazo. Hala, a disfrutar, que es sábado hasta la noche.

domingo, 23 de febrero de 2014

BESO AJENO en WONDER...

El pasado martes este relato fue el GANADOR SEMANAL en el concurso de RNE4WONDERLAND Es un relato que, ligeramente modificado,  fue finalista hace cuatro años en otro concurso literario, de RENFE, y ya lo publiqué AQUÍ. Por eso lo cuelgo también con esta etiqueta, "QUE DIGO YO" y no sólo con la de "PREMIADOS O ASÍ"
Enormemente contento y agradecido de haber vuelto a ganar tan reconocido concurso, ¿quién no desea tener un WONDERLAND en su haber? Gracias de nuevo, Rosa Gil, por el entusiasmo que pones en cada llamada y en cada programa. Enhorabuena a los cuatro finalistas, Fran RubioElena CaseroLola Sanabria y Paloma Hidalgo, grandes todos.Y gracias a todo el mundo que vibra con estos pegos míos tanto como yo. 


BESO AJENO
Mi primer beso en la boca fue en un tren que nos llevaba muy lejos. Y no lo di yo. Fue una chica con pelo larguísimo, pantalón acampanado, poncho de dos colores y una risa como de artista. Él, era normal.
Mi madre me chistaba para que dejara de mirarla, pero no podía parar de hacerlo mucho rato seguido. Al final me pidió que le ayudara a contar los postes de luz que veíamos pasar, como si eso fuera importantísimo para ella. Yo le avisé de que sólo sabía contar hasta cincuenta. Ya, me dijo. Pero me dormí mucho antes.

domingo, 27 de octubre de 2013

La de los números rojos y otras crisis

Foto casera
Ayer Paulino se fue al cielo. Yo no lo vi irse, pero me lo ha dicho mi madre. Paulino es un ratón que no come queso, ni es gris ni tiene rabo. Pero mi tía si se lo encontrara suelto por la casa, chillaría lo mismo que si tuviera rabo.
Mi madre dice que ha sido de viejo como el abuelo; porque cuando se es viejo uno se va al cielo. Pero el hijo de la Celia del pueblo se fue el verano pasado y era un niño.
Yo creo que se ha ido de crisis, que según mi padre está acabando con todo, pero no me lo quieren decir porque soy pequeño. Aunque yo sé que lo peor de la crisis son los números rojos que vienen luego. Bueno, no sé que es peor. A mi madre, con lo del abuelo, le entró una crisis que le quitó las ganas de ir a la peluquería, y hasta de levantarse decía. A mí tampoco me gusta levantarme, pero creo que es por el colegio, porque los sábados y los domingos no me pasa. Pero como decía, el otro día le dijo a mi tía que no podía ir a la pelu, y que era por los números rojos. Así que no sé.
Esta mañana mi madre tenía los ojos que se le ponen cuándo ha discutido con mi padre. Pero anoche no los oí. Sólo sé que he dormido otra vez en la cama de ellos, que me chifla, y mi padre en la mía.
Luego mi madre me ha dicho que para mi cumple, que es el mes que viene, no lo vamos a celebrar en el “Happy Baby” con los de mi clase; que mejor en casa y sólo con mis primos. Mejor para ella, para los de mi clase no creo. Entonces ha vuelto a salir lo de los números rojos; y que yo tenía que entenderlo, que ya era mayor. Yo no sabía muy bien de qué hablaba. Al final me ha soltado que cuándo sea grande ya entenderé lo de los números rojos. O sea, como siempre. Y de mientras que me zurzan. Al rato como me ha visto un poco triste por esto y por lo de Paulino y todo, me ha dicho que no piense más en ello. Pero cuándo no me veía he seguido pensando.
Luego ha hablado otra vez por teléfono con mi tía, que es su hermana. Ha vuelto a decir algo de números rojos, después, de mi padre. Ha llorado un poco más al final. “Esta es la peor crisis de todas”, ha dicho. Pero no sé si se refería a la del abuelo, la de mi padre, la del Paulino, o la de los números rojos.

El el 2008 volví a quedar finalista en el Concurs de Literatura Ràpida. Microcontes 2008del Ajuntament de Sabadell. Como siempre, tenías noventa minutos para escribir sobre un tema que ellos te daban. En esa ocasión el tema fue la crisis (a la que ya se veía venir a los lejos), y el subtema, Los Números Rojos. En total, esto ya lo he contado antes, fueron seis años consecutivos participando y siendo finalista, hasta el año 2011, en el que gané el primer premio con Puentes.