El fontanero sólo habló lo necesario. Sobre todo suspiraba de tanto en tanto, mientras fue extrayendo cuanto veía. Acabado el trabajo, se negó a cobrarme. Recogió su caja de herramientas, me miró con infinita tristeza y me palmeó el hombro antes de salir. No dije nada, pero supe que su trabajo había sido en vano. Las cosas no parecen mejorar y yo me ducho a diario.
Mi participación para esta 2ª jornada de la PRIMAVERA DE MICRORRELATOS INDIGNADOS, promovida por Miguel Torija y Rosana Alonso.



