Cuando
quieras, otro incendio, dice el mensaje, del anterior no queda ni recuerdo ni
rescoldo. Si tú quieres, esta noche, contesto yo en otro. Nos vemos en un lugar
alejado y oculto. Y allí, una vez más,
oímos el chispazo que prende haciendo lumbre.
Enseguida vemos extenderse el fuego. A veces, nos miramos mientras arde. Y yo
veo las llamas dentro de sus ojos. Imaginar cómo se ven en los míos me produce puntas
de placer, un punteo, un gozo puntiagudo. Un gusto que me lengüetea por dentro
como hacen las flamas que bailan ante mí. Y me endiosa. Y nos endiosa. Y nos impulsa
hacia arriba, a lo alto, junto al resto del olimpo.
Estuvo
ardiendo toda la noche. Crepitando sin parar hasta que, al amanecer, sobre un
lecho de cenizas, abrasados, nos dormimos.
Relato que con el que participé en el mes de noviembre en el concurso mensual de ENTC, cuyo tema era Como El Fuego. Si pinchas aquí, podrás ver los Seleccionados y Mencionados de ese mes, entre los que se encuentran viejos amigos con sus propuestas vencedoras.





