sábado, 8 de diciembre de 2018

De otro mundo

Imagen de la red
Mi tío me llevó al cine porque mi primo le insistió para que yo también fuera. El hermano de mi padre era un bruto, decía mi tía. Vivíamos en su casa y por algún motivo no me apreciaba demasiado. Y a mi madre tampoco. 
ET fue una llorera común, compartida por una platea llena de toses y jipidos. Lloraba también el acomodador que, como no era su primer pase, lo hacía antes de tiempo anticipándonos los momentos más tristes. Mi tío aguantó hasta casi el final, donde se desparramó en un drama propio y particular. Entonces me pasó su brazo y lloró contra mí, llenándome de lágrimas y mocos el cuello. Cuando salimos, él siguió llorando y tuvo que parar el coche porque le dio un ataque, con hipo y todo. Durante el camino no dejó de mirarme y tocarme la cabeza. Yo, más asustado que preocupado, no entendía nada, y mi primo menos. Ninguno hablamos. Cuando llegamos a casa, mi madre, una guineana más oscura que yo; de labios grandes y corazón a juego, como decía mi tía, me llevó a la habitación. Allí me contó de mi padre, de África y del color negro.

Relato premiado con accésit en el II CONCURSO DE MICRORRELATOS MONTE DE PIEDAD "Carmen Alborch", al que concurrieron en esta edición más de mil propuestas. Claro, orgulloso es poco o casi nada. AQUI se puede acceder al resto de premiados.

1 comentario:

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